Entre dos mundos

No hay lugar para un tirano

Los medios digitales y las redes sociales con sus mensajes cortos han acercado como nunca a los seres humanos, pero también orillado a los candidatos a expresar discursos o frases efectistas, más para mover emociones —incluso negativas— que reflexiones razonadas del público, como fue en las elecciones de Estados Unidos.

No obstante, continúan los temores y protestas por los resultados, no hay que perder de vista que se trata de un país de leyes e instituciones. No es perfecto, pero ha modelado un estado de derecho y un ejercicio de pesos y contrapesos entre los poderes públicos: el Legislativo ha enjuiciado a presidentes (Nixon y Clinton); el Ejecutivo solo puede hacer lo que la ley mandata, y el Judicial es guardián del orden constitucional.

Sin soslayar la personalidad de Trump, dos claves permitirán visualizar sus verdaderas intenciones. Primera, el perfil de los integrantes del gabinete con el que definirá políticas públicas y cumplirá sus funciones. Luego, comenzando por los presupuestos, la calidad de las iniciativas que someterá al Congreso, las cuales enfrentarán oposición demócrata y tendrá que pactar con los legisladores republicanos, pues éstos no le extenderán un cheque en blanco tan solo porque llegará a la presidencia por el mismo partido.

En este contexto, y más allá de ideologías y exabruptos de campaña, por ejemplo, se deberán analizar datos duros: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte significa para Estados Unidos más de 6 millones de empleos y un promedio anual de 230 billones de dólares de ventas de bienes, que dependen de las exportaciones a México.

La cancelación del acuerdo tendría repercusiones fatales para industrias estadunidenses. ¿Seguirán las ocurrencias? ¿Las consentiría el sector empresarial, que es factor real de poder? Cualquier revisión inteligente del Tlcan sugeriría la conformación de paneles de trabajo entre autoridades y sectores productivos de los tres países, como lo fue en su gestación.

Estados Unidos es más que una persona, expresó Hillary. En efecto: los fundadores forjaron un sistema democrático que, a través del debate informado de sus políticos, ha de crear leyes y actos de gobierno racionales, consensuados y promotores del bien común. Al margen de capacidades e impulsos del presidente, no habría espacio para un ejercicio autoritario de la administración pública.

rosariomarin978@gmail.com