Articulista Invitado

¿Otra Revolución?

Hoy el dólar se cambia por 16.50 pesos y aumenta la fuga de capitales, pero el secretario de Hacienda ni se inmuta.

En 1910 México tenía una población de 12 millones de habitantes; 10 millones de ellos, el 90% subsistían en condiciones de vasallaje, en la pobreza o en la extrema pobreza. El 85% habitaba zonas rurales. Un porcentaje similar era analfabeto y la reducida clase media integrada por profesionistas, empleados de los gobiernos municipal, estatal y federal o de las  empresas extranjeras, se ubicaba en el 10% superior de la escala social; 40 familias, menos del uno por ciento, eran dueños de vidas y haciendas. Dominaban la vida económica, política y social del país. Por otra parte, los abusos de poder de la dictadura del Porfiriato y el excesivo uso de la fuerza pública en contra de los movimientos de reivindicación social aumentó el descontento de la población. El éxito del crecimiento económico ocasionó una pésima distribución del ingreso. Los ricos mexicanos, la mayoría rentistas, eran  cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres. Las empresas más importantes eran extranjeras. De ellas dependían las fuentes de empleo y la mayoría de las exportaciones. Sin educación, sin salud, sin  ingresos, sin empleo y sin derechos laborales, los mexicanos estaban condenados a subsistir el resto de sus biografías en la miseria. El neoliberalismo del Porfiriato resultó ineficaz y las protestas  subían de tono. Esto fue, entre otras causas, el origen de la Revolución de 1910. 

Y 105 años después, en 2015, el México que encabeza el gobierno neoliberal de Enrique Peña Nieto tiene una población de más de 120 millones de habitantes. La gran mayoría habita en zonas urbanas; 100 millones, el 90% viven en la pobreza o en la extrema pobreza de acuerdo con Julio Boltvinik, de El Colegio de México, y con él coinciden aunque con mediciones distintas, la OCDE, el INEGI, el Coneval y el Oxfam, México. El desempleo supera al 16% y casi el 70% de las ofertas de empleo se generan en cuatro estados: DF, NL, Jalisco y Edomex. El Banco Mundial (BM) destaca que la pobreza no ha cambiado en los últimos 20 años. Lo que se identifica como “pobreza moderada”, es decir los mexicanos que pueden adquirir la canasta básica, supera al 63% y la extrema pobreza significa que 30 millones de mexicanos no tienen paran comer. La OCDE asegura que México “tiene una tendencia regresiva” para  reducir la pobreza. El ingreso anual se redujo de 3, 322 pesos, en 1992 a 3,074 en 2014. Los ingresos anuales de los trabajadores bajaron de 2,701 en 1992, a 2,183 pesos en 2014. Seis de cada 10 mexicanos carecen de seguridad social. La violencia y la inseguridad han aumentado exponencialmente, sin hablar de Ayotzinapa. La ONU ubica a México en el  lugar 58 de 59 índices de impunidad global. Y el secretario Murillo Karam no distingue entre la desigualdad  y la miseria. O, para decirlo en sus palabras, “la desigualdad es más grave que la miseria”. El nivel educativo es de bajo rendimiento y  está asociado con  los índices de pobreza. En las mediciones internacionales de PISA, el 55% de los alumnos no alcanzan el nivel de competencia básico en matemáticas; los jóvenes ente 15 y 29 años pasan más tiempo trabajando que estudiando y los ninis de la misma edad llegan al 20%. La deserción escolar anual supera al   millón de niños entre 7 y 17 años. El 88% de los jóvenes en el DF interrumpe sus estudios cada año y la inscripción de estudiantes a nivel superior es uno de los más bajos del mundo. Encima de todo no existe la infraestructura oficial para atender la demanda de estudiantes. Las escuelas patito cubren la demanda que ofrecen los colegios privados, de ahí la mala preparación de los egresados y falta de competitividad en el mercado laboral. La  corrupción, el amiguismo y el compadrazgo se han impuesto sobre la meritocracia.

Sin educación, sin salud, sin empleo, sin derechos laborales, cancelados por  outsourcings, y con 11 reformas estructurales que no llegan a consumarse, los mexicanos enfrentan una crisis de desconfianza y serios problemas sociales. Así que independientemente de los escándalos de la Sección 22 de la CNTE, maestros de más de 20 estados no entienden o no aceptan las bases de la reforma educativa. Algo similar sucede con las bondades de  las demás reformas. La energética y fiscal no avanzan. Brotan numerosos flancos de inconformidad e inestabilidad social. Si México no crece la pobreza aumentará. La desigualdad y la falta de equidad van en aumento y la concentración de la riqueza en tan pocos ofende a la mayoría de los mexicanos. Cuatro beneficiados de la privatización generan casi el 10 por ciento del PIB y 40 consorcios definen la política y la economía del país  ¿Cuánto más aguantarán los mexicanos? Hoy el dólar se cambia por 16.50 pesos y aumenta la fuga de capitales, pero el secretario de Hacienda ni se inmuta y el presidente del Banco de México asegura: “Estamos en proceso de enfrentar un periodo turbulento”. 

¿Qué pasa? ¿No entendemos las complejidades del nuevo modelo neoliberal o sus administradores no saben ejecutarlo? ¿Llegó acaso el momento de adaptarlo, reformarlo o cambiarlo?

 ¿Qué cree usted?

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