La Semana de Román Revueltas Retes

Lo único que yo decía es que merecemos mejores servicios

Mi columna de ayer, en la que se me ocurrió mencionar, de pasada, a Noruega y Finlandia como un par de países donde los impuestos que pagan los ciudadanos les son compensados a través de los servicios que proporciona el Estado –carreteras y calles bien pavimentadas, escuelas donde sí te enseñan bien, servicios hospitalarios, infraestructuras modernas, pensiones dignas, etcétera—hizo que llegara al buzón de entrada de mi correo electrónico una avalancha de mensajes en los que se decreta, pura y simplemente, la muerte del Estado de bienestar. El modelo de Suecia, para mayores señas, sería totalmente inviable porque, aparte de que desincentiva a los ciudadanos y los vuelve comodones (por no hablar de la aplastante carga fiscal que impone a las empresas), no hay ya dinero que alcance para financiarlo.

Bueno, no sé realmente si se van a desplomar los países escandinavos como sí se desmoronó Grecia y como se está derrumbando esa España donde, justamente, se desmantela fulminantemente la estructura de beneficios sociales porque la madre de todas las prioridades nacionales, en estos momentos, es domar el galopante déficit de las finanzas públicas (una deuda contraída mayormente, miren ustedes, para rescatar a los bancos). Lo que quería decir, nada más, y sin mencionar a otras muchas naciones –Francia, Canadá, Países Bajos, Bélgica, Australia o hasta Italia— donde el ciudadano de a pie disfruta de garantías bien reales (entre otras, la de un aparato de justicia del Estado razonablemente confiable y eficaz), es que en esos territorios hay una relación mucho más directa entre el costo de los tributos y el beneficio de las prestaciones.

Algunas personas, aquí, no sólo pagamos muchos impuestos sino que tenemos que apoquinar, de nuestros bolsillos, hasta el mismísimo alumbrado público y comprar agua embotellada porque la que sale del grifo, por las razones que sea (porque se almacena en aljibes o porque se va contaminando al correr por las tuberías), no es buena para beber. Eso es todo.