La Semana de Román Revueltas Retes

¡Nuestro petróleo no se vende! (Eso es lo malo)

Me queda muy claro que la reforma energética, bestia negra del PRD y los izquierdosos de este país, no es una transformación de fondo de doña Pemex, empresa petrolera de todos los mexicanos, sino meramente una enmienda para permitir que inversores privados puedan realizar trabajos de exploración, por su cuenta y riesgo, y si encuentran hidrocarburos, llevarse una tajada del pastel cuando el oro negro se comercialice.

Hoy día, la antedicha corporación paraestatal asigna de cualquier manera contratos a terceros para que perforen el suelo de la patria y, como no siempre hay suerte (o, miren ustedes, no existe tampoco una verdadera voluntad de encontrar de veras un yacimiento porque esto significaría que se termina la chamba), entonces esos mismos taladradores de corteza terrestre se mueven, digamos, unos 500 metros más allá y comienzan de nuevo los trabajos, cobrando otra vez sus bien ganados emolumentos, hasta que, tras incontables intentos, terminan por descubrir, eureka, alguna cueva subterránea con crudo de mediana calidad (así es nuestro petróleo, señoras y señores, mayormente pesado, es decir, con más residuos que los hidrocarburos ligeros que exportan nuestros competidores de los países árabes).

Mientras tanto, la división de Pemex que refina el crudo y la otra, la que produce petroquímicos, tienen unas colosales pérdidas, de miles de millones de pesos. La buena noticia es que somos un país soberano y que, justamente por ello, solamente importamos del exterior la mitad de las gasolinas que consumimos. En cuanto a los combustibles que sí logramos refinar, pues ya nos cuesta más caro el litro aquí que en Estados Unidos (de América). Ah, y eso que usamos el dinero del pueblo para subsidiar su producción.

Pero, bueno, escribir sobre esto no tiene caso porque no te sirve para convencer a esos siete de cada diez mexicanos que no quieren que capitalistas, de fuera o autóctonos, “se apropien de nuestra riqueza nacional”. Que todo siga igual (de mal), pues…