La Semana de Román Revueltas Retes

Así gobernaría la “izquierda” mexicana

El obstruccionismo de nuestra “izquierda” es más que evidente: dice no a todo, tacha de “traidores” a aquellos que pretenden modernizar el país, se opone a cualquier posible reforma, denuncia selectivamente a los corruptos (es decir, guarda un púdico silencio cuando los perpetradores militan en sus propias filas) y, finalmente, utiliza con maña los dogmas de siempre –la soberanía, el nacionalismo, la Revolución— para legitimar su machacona renuencia a ser parte de una tranquila normalidad democrática.

Su negocio, pues, es la denuncia continua y endémica. Y, desde luego, su ámbito preferido no es la tribuna del Parlamento –donde suele, de cualquier manera, escenificar numeritos de calculada provocación— sino la calle, escenario privilegiado de esas “clases populares” que pretende representar de manera monopólica.

Naturalmente, hay algunas trazas de sensatez en algunos de sus hombres y cuando les toca gobernar de veras no les queda otro remedio que hacer las cosas como todos los demás, es decir, cediendo, concediendo, otorgando y asintiendo: el intolerante no come lumbre, señoras y señores, y ante la realidad de negociar una partida presupuestal con el Supremo Gobierno la ferocidad de antaño se le diluye a las de ya.

Pero, más allá de que cierto pragmatismo haya permeado en un sector del PRD, uno puede preguntarse cuáles son realmente los propósitos de los demás –Obrador y sus seguidores, sobre todo— en lo que se refiere a las políticas públicas, a saber, la administración de los recursos federales, la recaudación fiscal, las relaciones exteriores, los subsidios, el endeudamiento del Estado, la inversión en infraestructura, la apertura de los mercados, etcétera, etcétera, etcétera.

Bueno, una pista: el mismísimo Obrador planteaba, en su libro de recetas, la participación de “inversionistas nacionales” en la “expansión y modernización del sector energético”. O sea, que él sí puede hacerlo. Los demás, no. Ah…