La Semana de Román Revueltas Retes

La bondad de las ciudades

Los habitantes de este planeta ya no viven casi en comunidades rurales sino que se agrupan en aglomeraciones urbanas cada vez más grandes. Esta tendencia la podemos observar aquí mismo al comprobar no sólo el desaforado crecimiento de la capital de todos los mexicanos sino de ciudades como León, Guadalajara, San Luis Potosí, Monterrey, Tijuana, Juárez y Nezahualcóyotl, entre muchas otras.

Ayer, escribía yo sobre la dudosa viabilidad de las localidades que se encuentran aisladas en las agrestes serranías del territorio nacional: lugares donde no hay posibilidad alguna de emprender actividades productivas, de obtener trabajo y, peor aún, de recibir los servicios públicos que los ciudadanos tienen garantizados, mal que bien, en nuestras zonas urbanas.

Si una de las ventajas competitivas de México es su cercanía a Estados Unidos, entonces podemos entender perfectamente que una comunidad remota, a la que sólo se puede llegar por un sinuoso camino tras varias horas de recorrido, nunca adelantará a las zonas suburbanas donde se instalan maquiladoras, talleres, fábricas y oficinas corporativas.

Los saboteadores —sobran, por desgracia, en este país (ahí tenemos la cancelación del proyecto de la presa de La Parota que iba, justamente, a evitar las inundaciones en Acapulco)— que impidieron la creación de un club de golf en Tepoztlán, exigían airadamente que les instalaran plantas de alta tecnología, o algo así, para disfrutar de “empleos dignos”. Pues, señoras y señores, cada comunidad tiene un potencial particular y las cosas son las que son: esa zona de exuberante vegetación era ideal para jugar golf, aparte de encontrarse a un paso de Ciudad de México; en las zonas desérticas puedes edificar una fábrica colosal y no pasa nada.

Pero, a ver, pide primero limosna en el arcén del camino de terracería de tu pueblo y luego vete a un crucero de una urbe. Dinos cómo te va en un lugar y el otro…

Las ciudades siguen siendo mucho más generosas. ¿Por qué? Con perdón de la perogrullada, porque tienen más gente y más dinero.