La Semana de Román Revueltas Retes

Servicios a cambio de impuestos

Vives en Noruega o en Finlandia. No te distingues casi de tus vecinos porque son sociedades avasalladoramente igualitarias donde la diferencia entre un fontanero, una enfermera, un empleado público, un conductor de tranvía y un médico son mínimas. Eso sí, nadie te regala nada: para entrar a la función publica, por ejemplo, tienes que presentarte en severos concursos de oposición y llevar los correspondientes diplomas. Ah, y no le puedes heredar tu plaza a un familiar, faltaría más (no han sido todavía privatizados, como en estos pagos, los patrimonios del Estado). En cuanto al cupo en las universidades, los estudiantes que no logran las notas suficientes no son aceptados y sanseacabó: la selectividad comienza bien temprano, desde la educación media y, según los resultados que vayas obteniendo, el sistema te dirige a un oficio, una carrera técnica o te permite afrontar las durezas de la física nuclear. Ah, y como las escuelas de papá Gobierno son todas buenas, pues no hay casi colegios privados excepto, supongo, para esos pocos millonarios que, en todo caso, mandan a sus hijos a codearse con otros de su calaña en los exclusivos internados de Suiza.

En lo que se refiere a la cobertura sanitaria, los hospitales y las clínicas te brindan servicios de una calidad tal que no te pasa siquiera por la cabeza contratar un seguro de gastos médicos para que te atiendan en otro lugar. Ni se te ocurra, eso sí, conducir tu coche sin contar con las necesarias coberturas de riesgo porque no está permitido, por ley, destrozar el vehículo de otra persona sin asumir la responsabilidad de solventar los gastos. El seguro para los automóviles es obligatorio. Punto.

Por último, si trabajas hasta los 65 años, tienes asegurada un dignísima pensión. Y si pierdes tu empleo, el Estado te da una cantidad mensual para sobrevivir y, al mismo tiempo, te capacita para lograr otra colocación. Un detalle: pagas sumas astronómicas de impuestos. Hasta un 60 por cien, en algunos casos. Pues sí. Claro que sí, añadiría yo.