La Semana de Román Revueltas Retes

¿Representa un peligro la deuda de México?

Prácticamente todos los países emiten deuda soberana. Estados Unidos, para mayores señas, debe una astronómica cantidad de dinero que equivale, según los datos más actualizados, a 108 por ciento de su Producto Interno Bruto.

¿Cómo es que algunos países se endeudan y otros no? O, mejor dicho, ¿cómo es que las obligaciones contraídas por algunos Estados parecen no amenazar su economía y las de otros se vuelven totalmente inmanejables, aparte de amenazantes, como las de Grecia?

Prácticamente todos los países emiten deuda soberana. Estados Unidos, para mayores señas, debe una astronómica cantidad de dinero que equivale, según los datos más actualizados, al 108 por cien de su Producto Interno Bruto (PIB). Pero el primer lugar en esta lista de deudores lo ocupa Japón, cuyas obligaciones representan ni más ni menos que el 245 por cien de su PIB. Y, miren ustedes, en el segundo sitio, muy distante por debajo, está Grecia, con 179 puntos porcentuales. Sin embargo, las agencias calificadoras, de las cuales depende la tasa de interés que una nación habrá de pagar para recompensar a los compradores de deuda, locales o del exterior, no valoran únicamente estos porcentajes —si así fuere, el derrumbe de Japón, tercera economía mundial, significaría una auténtica hecatombe financiera— sino que toman en consideración la capacidad de pago de los diferentes países. Así, Moody’s y Fitch le otorgan a Estados Unidos las más altas notas (Aaa y AAA, respectivamente), apenas por debajo de Alemania, un país al que Standard &Poor’s no le ha rebajado la calificación como sí lo hizo con nuestro vecino del norte (AA+, en lugar de la nota AAA que tenía antes).

Los mejores alumnos de la clase, aparte de la mencionada Alemania, son Suiza, Australia, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Luxemburgo, Noruega, Suecia y Singapur. En el extremo opuesto se encuentra, como uno de los países que han caído en el impago puro y simple de sus compromisos, Argentina que, además, tiene la segunda tasa de inflación más alta del mundo, en torno a un 30 por cien (el Gobierno de la señora Kirchner manipula las cifras oficiales pero algunas estimaciones realizadas por organismos privados sitúan el porcentaje en 38 unidades), solamente por debajo de Venezuela, que supera los 60 puntos.

Volviendo a la pregunta del primer párrafo, es interesante consignar lo ocurrido en Grecia: un país que no tiene casi otros recursos que el turismo, organizó los Juegos Olímpicos de 2004; allá, como aquí en México, no se recaudan muchos impuestos porque el sector informal alcanza un 40 por cien de la economía; y, finalmente, para seguir recibiendo los fondos de ese Banco Central Europeo que tanto denuestan ahora el primer ministro griego y sus populistas correligionarios de Syriza, los anteriores Gobiernos maquillaron los números que proporcionaban a la Unión Europea. O sea, que gastaron a manos llenas, de manera tan irresponsable como insensata, e hicieron trampa. Embusteros, aparte de imprudentes.

No hablemos ahora de la debacle de Venezuela —un país que ha dilapidado alocadamente sus fabulosos ingresos petrolíferos hasta el punto de no tener siquiera dólares para pagar los servicios de las líneas aéreas extranjeras que vuelan al país, por no hablar de la escasez de productos de primera necesidad y, a pesar de las políticas asistencialistas y clientelares de Nicolás Maduro, del empobrecimiento de la población— ni anticipemos tampoco el desastre económico que se le viene encima a Argentina, pero echemos un vistazo a las finanzas públicas de México en un momento en que se escuchan, de nuevo, advertencias sobre el crecimiento de la deuda: nuestro país, por lo pronto, va a contracorriente de las tendencias mundiales y, ahí donde a la mayoría de las naciones les preocupa reducir sus niveles de endeudamiento, aquí se incrementarán las obligaciones. En 2014, la deuda representó un 50.1 por cien del PIB, según algunas estimaciones. En 2015, la cifra subirá a 51.4. Hay que decir que son niveles bajos, en relación a otros países, pero enfrentamos una coyuntura adversa, en el tema fiscal, por la disminución de los precios del petróleo y, en el apartado del crecimiento económico, las cifras van también a la baja. Por si fuera poco, la subida de las tasas de interés en Estados Unidos, ahora postergada pero anunciada para un futuro no muy distante, puede significar que México se vea obligado a erogar más recursos para contraer nueva deuda, aparte de la amenaza que representa para el peso mexicano y de la emigración de los capitales hacia el norte. La apuesta del actual Gobierno, sin embargo, es que un mayor crecimiento de nuestra economía, debido a las reformas estructurales, habrá de servir como mecanismo de compensación. Crucemos los dedos y esperemos que así sea. Grecia, mientras tanto, se hunde sin remedio.

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