La Semana de Román Revueltas Retes

Pistoletazo de salida para otros broncos

Margarita Zavala tomó la decisión de competir, ni más ni menos, por el más alto cargo de la nación. Muy bien, pero ¿ese mismo partido que le ha cerrado ahora las puertas le va a ofrecer desinteresadamente la madre de todas las candidaturas?

Margarita Zavala aspiraba a ser presidenta del Partido Acción Nacional. En el camino, sin embargo, se le interpuso el jefe Madero, quien no sólo tiene otras ideas sino otros propósitos. Y entonces, sin pensárselo dos veces, nuestra antigua primera dama —muy apreciada por el respetable en su condición de persona discreta y sensata pero, al mismo tiempo, lastrada por el hecho irreparable de ser la mujer de su marido, o sea, de un antiguo presidente de la República cuyos desempeños no acaban todavía de ser enteramente aceptables para millones de estadounimexicanos— tomó la decisión, que tampoco se tardó en anunciar públicamente, de competir, ni más ni menos, por el más alto cargo de la nación.

Muy bien, pero ¿ese mismo partido que le ha cerrado ahora las puertas —y por cuyas divisiones internas, visibles y palmarias, ha perdido millones de votos— le va a ofrecer desinteresadamente la madre de todas las candidaturas? Digamos, por lo pronto, que Ricardo Anaya, quien parece ser el más probable futuro mandamás del PAN, le ha ofrecido “condiciones parejas” para competir, sin más. El propio coordinador del grupo parlamentario blanquiazul, más allá de que se le haya aparecido el senador Javier Corral en el horizonte para disputarle la que hasta hace poco parecía ser una candidatura única, podría tener también sus aspiraciones —es un político joven, muy brillante y muy exitoso— pero no habla ahora de futuros tan distantes, faltan tres larguísimos años para 2018, sino que centra sus quehaceres en lo más inmediato. Ahora bien, llegado el momento, y más allá de que, adelantando vísperas, Anaya se haya comprometido a asegurar un escenario de equidad, es muy posible, en efecto, que a doña Margarita no sólo le sigan obstaculizando su ascenso a la cumbre de su partido —un logro que de cualquier manera ella ya no persigue— sino que le nieguen la posibilidad de competir con los colores del PAN por la Presidencia de la República. Después de todo, parece ser que el propio Madero es uno de los aspirantes y, así como están las cosas y así de descocado como parece el hombre luego de llevar a su partido al despeñadero, nos podría reservar todavía la sorpresa de lanzarse como candidato y de que sus pretorianos le agencien la nominación.

Ah, pero ahí está, para todos los malqueridos en el terreno de la política, el ejemplo de Jaime Rodríguez, el mentado Bronco, cuyo clamoroso triunfo no sólo representó la muy novedosa asunción de un presunto independiente a las más altas esferas del poder sino que mostró un camino a seguir: a partir de ahora —y sin siquiera necesitar de los grandes medios propagandísticos que utilizan los partidos porque, según parece, con un adecuado manejo de las redes sociales basta para embelesar a los votantes— cualquier hijo de vecino con pretensiones puede no sólo cultivar sus muy privadas fantasías de ocupar un cargo de elección popular sino que tiene posibilidades reales de lograrlo. Y, qué más si el posible aspirante es, digamos, un futbolista bravucón, un conductor de un programa radiofónico, una actriz de telenovelas, una cantante de moda, una modelo de pasarela, un torero o cualquier otro de esos personajes que tan sueltamente se exhiben en las revistas del corazón o en las pantallas de la tele.

No es el caso de una Margarita Zavala que, por el contrario, representaría el mejor de los mundos: una mujer con una trayectoria propia en los ámbitos partidistas, una profesional de la política y —hay que repetirlo— una persona tan juiciosa como discreta. No puede pensarse, sin embargo, que la experiencia del Bronco le resulte tan ajena como para no plantearse, ella misma, repetirla a su manera, a saber, lanzándose como una candidata independiente si no consigue el respaldo del PAN. Y lo harán también muchos otros pretendientes que, llegado el momento, saturarán los espacios de la competencia y, de paso, obligarán a los partidos políticos a ser muy cuidadosos en la elección de sus candidatos porque enfrentarán, a la vuelta de la esquina, a los “broncos” de turno. Esto apenas comienza pero, miren ustedes, quienes ya levantaron la mano llevan una sustancial ventaja. La reglas han cambiado y, ahora, para salir en la foto…¡hay que moverse!.

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