La Semana de Román Revueltas Retes

México, ¿el país de pesimismo?

Las mediciones profesionales de felicidad, que quién diablos sabe cómo se realizan, nos colocan, creo, en un lugar bastante aventajado en el mundo. Los territorios más alborozados del planeta serían aquellos donde los bienes materiales y los servicios de papá Gobierno se reparten de manera equitativa entre una población de ciudadanos tan exigentes como enterados de las cosas. Noruega se encuentra entonces en el primerísimo puesto de la lista, junto con Finlandia, Suiza y países así. No estoy enteramente convencido de esta clasificación porque mi experiencia directa de la realidad en aquellos pagos tan lejanos –y tan septentrionales, en lo que toca a las durezas del clima— me habla, por el contrario, de lugares más bien siniestros donde la gente –hosca, apartada, descarnadamente individualista y crónicamente inconforme— no parece feliz en lo absoluto: vayan ustedes cualquier día de estos a Ginebra, entre otras ciudades brumosas y ordenadas, súbanse al tranvía, miren la expresión en la cara de los viajeros y, díganme, después, si encuentran ahí la despreocupación, el desenfado y la sencilla alegría que exhiben los mexicanos aquí, a la vuelta de cualquier esquina.

Desde luego, estoy planteando estas impresiones a partir de la más desaforada subjetividad y, de seguro, las comprobaciones realizadas en los antedichos estudios ha seguido un protocolo más riguroso. Pero, al mismo tiempo, lo más sorprendente de cualquier posible apreciación sobre el bienestar emocional de los estadounimexicanos es que los niveles de enojo, rencor, descontento social y simple insatisfacción serían también muy elevados, a juzgar por lo que leemos en los periódicos o lo que podemos inferir de las protestas ciudadanas. Hay un hecho, sin embargo, que sí resulta más comprobable en relación a la idea que otros países tienen de sí mismos: Brasil, que enfrenta unos problemas morrocotudos como nación, nos saca una ventaja sideral en la capacidad de vender fuera una buena imagen. ¿No podríamos imitar en esto a los brasileños?