Interludio

¡Son verbos pronominales, idiotas!


El exquisito idioma que hablaban los romanos se fue corrompiendo fuera de la metrópoli y así fue como nacieron las lenguas neolatinas que hoy hablamos en tantos países. O sea, que esas palabras que tan despreocupadamente soltamos en castellano resultan de los usos barbaros de una plebe que no pudo conservar la pureza del habla primigenia. Muy bien, pero, sabido esto (y debidamente enterados de que las cosas no pueden ser inmutables a perpetuidad), yo diría, señoras y señores, que no hay que exagerar en el tema de pervertir nuestro idioma. Digo, los maltratos que padece el español aquí en México son descomunales. De seguir así, muy pronto hablaremos como auténticos primitivos, desconociendo las más elementales reglas de la gramática y, por si fuera poco, mascullando una suerte de jerga copiada mayormente del inglés. Ya casi todo mundo suelta, sin parpadear, que fulano o mengano “te hicieron el día” (c’mon, baby, make my day) o que esto o aquello “hace sentido” (it doesn’t make sense to be copycats). Y ya en cualquier oferta publicada por los mercaderes de turno figura la leyenda “aplican restricciones”, calcada estúpidamente de las publicidades extranjeras, siendo que las restricciones —aunque se invirtiera el orden tradicional de la frase como acostumbran, por alguna extrañísima razón, algunos diarios (los titulares rezan perlas como “deslindan responsabilidades funcionarios)—, no son capaces de aplicar nada por sí solas sino que, en el caso de que el verbo pronominal aplicar fuere el que corresponde (lo cual tampoco va), se aplican, justamente, con la ayuda de un pronombre. Por si no quedó claro, permítanme ustedes ejemplificarlo con el más categórico de los verbos pronominales: arrepentirse. ¿Han escuchado ustedes alguna vez la locución “hoy arrepiente”? Pues, no. Decir “hoy inicia” es igual de incorrecto y gruñir que las “restricciones aplican” viene siendo también un soberano gazapo. En fin, la batalla está perdida pero de vez en cuando quiere uno seguir echando botellas al mar.