Interludio

La tentación del autoritarismo

Los humanos solemos tener comportamientos insensatos e irracionales, por no hablar de ese instinto de muerte que nos convierte en una especie terriblemente destructiva. El mero hecho de que, a estas alturas del proceso civilizatorio, sigan muriendo de hambre miles de niños, significa una realidad tan desconcertante como escandalosa. Y en estos mismos momentos, fanáticos de uno y otro bando, en diferentes puntos de la tierra, perpetran masacres como si habitaran todavía los bárbaros escenarios de la antigüedad.

Pues bien, no es una simple casualidad que las naciones en las que ha podido desarrollarse la democracia liberal sean precisamente aquellas donde los individuos de la especie son menos violentos, menos abusivos y más solidarios. La razón es bien simple: cuando una persona se desenvuelve en un entorno de certezas jurídicas y de reglas claras, entonces se ve obligada a contener sus impulsos negativos, así fuere por temor a recibir un castigo administrado rotunda y terminantemente por las autoridades. Pero, no sólo eso: en un ambiente de sosegada concordia se promueven de manera natural la bondad y el desprendimiento de la gente

Hay una interesada confusión, en estos pagos, entre la palabra “represión” y cualesquiera de los otros términos que se refieren al mantenimiento del orden público, al ejercicio de una mínima autoridad y al control, obligado y necesario, de las conductas que, en abierto desafío a los intereses del bien común, perjudican al resto de los ciudadanos. Y así, nuestras autoridades, temerosas de portar el estigma infamante de los totalitarios de antaño, han caído en un extremo, totalmente opuesto, de permisividades, blandenguerías y flagrante irresponsabilidad. Basta ver la pasividad de las fuerzas del orden cuando los vándalos, al abrigo de la “causa social” de turno, cometen sus destrozos. Frente a este desorden, muchos mexicanos comienzan a añorar las épocas aquellas en que, en efecto, el Estado nos molía a palos por cualquier nimiedad. No va por ahí la cosa, por favor…