Interludio

Que siga la desobediencia ciudadana; hasta que…

El gobierno de la capital de todos los mexicanos dispone que ciertos vehículos de cierta antigüedad no pueden circular ciertos días de la semana y, ¿qué pasa? Pues que algunos pobladores directamente afectados por la medida salen a las calles, bloquean el paso de los demás ciudadanos, apedrean a los agentes (de una policíaque ha recibido órdenes directas de no hacerles frente y de no salvaguardar el orden público)y arman alborotos. Esas mismas autoridades que gobiernan la antedicha ciudad intentan conectar tuberías para proveer de agua a los vecinos de cierto barrio y, ¿qué ocurre? Lo mismo: hay algaradas, violencias, desmanes, disturbios y motines. O sea, que en este país —o, por lo menos, en algunos puntos del territorio nacional— no se puede ejercer la autoridad: no se pueden aplicar reglamentos ni llevar a cabo obras públicas ni aplicar sanciones ni implementar medidas de incontestable beneficio colectivo porque, si llegan a afectar los intereses de algún grupo, por minoritario y poco representativo que sea, entonces el populacho, desobediente y furibundo, se pone en pie de guerra y organiza levantamientos que, por si fuera poco, no merecen siquiera la intervención directa de una fuerza pública que, bien a bien, no sabemos para qué diablos existe puesto que no se ocupa de cumplir con sus primerísimas obligaciones.

Bueno, ésta es nuestra realidad. Pero, vistas las cosas, ¿hasta dónde podemos llegar en esta espiral ascendiente de permisividad, desgobierno, impunidad y pisoteo de las leyes? Digo, va a llegar el momento en que México se volverá un país francamente ingobernable; estaremos todos a merced de los que causan destrozos y su ley, la del más fuerte, será la que se imponga sobre los demás. Adiós Estado. Adiós leyes. Adiós reglamentos. Adiós seguridad. Adiós certezas jurídicas. Adiós garantías. Vámonos entonces preparando para decirle adiós a todo aquello que signifique civilización y despidámonos, más pronto que tarde, de cualquier atisbo de orden. Mientras tanto, decimos que nos asustamos de todo lo que ya está ocurriendo…