Interludio

La república bananera que no puede legislar durante el Mundial

El mero hecho de plantear que la tramitación de las leyes secundarias debiera posponerse y llevarse a cabo luego del Mundial es algo tan ridículo que nos deberíamos de sonrojar hasta las muelas. Es un tema que uno quisiera que no llegara a saberse fuera de nuestras fronteras. Imaginen ustedes los titulares burlones: Law making Mexican style: no work to be done during World Cup, please!

No es de vergüenza ajena, es de vergüenza nacional.

Ah, pero ¿quién promueve el receso? Pues, esa izquierda nuestra, tan cerril y tan ramplona que no tiene siquiera el pudor de ocultar su incurable naturaleza tercermundista y, sin complejos, sale al espacio público no sólo a vociferar que el pueblo mexicano estará “distraído” durante el circo brasileño sino que los otros actores políticos van a sacar ventaja, justamente, de ese comportamiento inane. Y, miren ustedes, este desafortunado ayuntamiento de irresistibles exhibiciones deportivas y perentorias tareas legislativas no ocurre por azar sino que ha sido fríamente calculado por los poderes fácticos para sacar provecho de la natural irresponsabilidad cívica de los mexicanos: o sea, que es un complot, una conspiración, una maniobra. Madre mía.

Difiero, en este sentido, de lo que muy sensatamente propone, en su columna del pasado lunes, don Diego Fernández de Cevallos. Con el muy saludable pragmatismo que lo caracteriza, el hombre plantea un simple retraso para no dar pie a esas suposiciones, maledicencias y acusaciones formuladas por los trasnochados opositores del PRD. Pues sí, don Diego, pero en un asunto así lo que hay que hacer es descalificar, de un plumazo, la esperpéntica falta de seriedad de los contrincantes. O sea, hay que ignorarlos de la misma manera como se desentiende uno de los necios, los mentecatos y los majaderos. Adelante, pues, con las tareas legislativas. Que, por si fuera poco, para eso les pagamos a nuestros representantes en el Congreso.