Interludio

‘Ya’ nos comieron vivos


El asunto, dicen, es controlar a las corporaciones privadas que van a incursionar en el sector energético para que, en palabras Jerry Brown —el muy respetable gobernador demócrata de California— no nos vayan a “comer vivos”.

El mandatario habla muy seguramente de la experiencia vivida por los californianos luego de que se dividiera en dos secciones —una para producir electricidad y la otra para distribuirla— el mercado de la electricidad en ese estado de la Unión americana. El propósito de la medida era el de siempre: que la competencia entre los distintos productores privados propiciara una mayor eficiencia en el sector, que los precios bajaran consecuentemente y que aumentara la producción. Pero, no ocurrió nada de eso: las compañías convinieron el congelamiento de un precio minorista que en un principio parecía alto —es decir, rentable— y luego, al subir inesperadamente los costos de la generación de electricidad, los productores estuvieron al borde de la quiebra porque no les bastaba con lo que recibían de los distribuidores (este tema de precios en un mercado mayorista, desregulado, y el otro, el de los distribuidores, congelado artificialmente, es muy enredoso). Al final, los consumidores terminaron pagando tarifas más altas. Si a esto añadimos que la corporación texana Enron sacó provecho de la crisis energética subiendo artificialmente la demanda, comprando electricidad y revendiéndola cinco veces más cara o creando deliberadamente situaciones de congestionamiento para luego aparecer como un proveedor providencial entonces hay, en efecto, señales de alarma en el horizonte de la reforma energética que se acaba de promulgar. El coste de la factura, para California, fue de 10 mil millones de dólares, que todavía están pagando los contribuyentes.

O sea, que estamos avisados. Por cierto, ¿cuánto dinero perdió CFE en 2013, antes de siquiera imaginar lo amenazantes que van a ser las cosas en el futuro? Pues, 37 mil millones de pesos. No creo, con perdón, que vayamos a estar mucho peor. Ya nos comieron vivos.