Interludio

¿Qué tanto puede hacer Enrique Peña?

El mero hecho de responsabilizar al presidente de la República de absolutamente todo lo que acontece, o pueda acontecer, en cada uno de los rincones de un país vastísimo, aparte de muy complicado de gobernar, revela que esa gente que le exige cuentas no lo percibe como un simple mortal —un individuo encargado meramente de administrar la cosa pública— sino que le ha conferido, en su imaginación, las facultades de un semidiós, las atribuciones de un mago y los poderes de un auténtico dictador.

Y, pues sí, que renuncie entonces. Digo, no pudo prevenir que se infiltrara en el gobierno municipal de Iguala un maleante, promovido además por un partido político que no sólo no es el suyo sino que le contrapone una fiera oposición. No pudo adivinar, mirando su bola de cristal por las noches, que ese alcalde iba a desatar la más demencial de las persecuciones contra unos muchachos revoltosos y no imaginó, en sus más alucinados momentos, que los sicarios que trabajaban hombro a hombro con los policías de la localidad iban a desplegar una crueldad tan pasmosa como incomprensible.

México entero está pagando el precio de no haber educado a sus ciudadanos, de no contar con un sistema legal mínimamente confiable y de haber dejado que la corrupción carcomiera, imparablemente, las estructuras de toda la sociedad. Y así, nos encontramos ahora atenazados por amenazadoras realidades: la de un pueblo desobediente y egoísta que no puede poner siquiera la basura en su lugar (por ahí se empieza, señoras y señores, aunque no lo parezca); la de un aparato de justicia que cobija a jueces, fiscales y agentes totalmente envilecidos; la de unas autoridades que se desentienden desfachatadamente de obligaciones tan perentorias como el mantenimiento del orden público; la de una cultura nacional de incumplimientos promovida por las políticas corporativistas de un sistema basado en la interesada complacencia de sus clientelas; etcétera, etcétera. Lo repito: que renuncie Peña, por no obrar el milagro de componer todo esto de un plumazo.