Interludio

Es la pobreza, idiotas…

El tema de la desigualdad comienza a ocupar cada vez más espacio en la agenda de las discusiones públicas. Hay ricos crecientemente ricos mientras que esa gran mayoría de ciudadanos que forman parte de la clase media, por lo menos en las economías desarrolladas, no sólo se han estancado en su ruta hacia una opulencia que adquiere visos de un auténtico espejismo sino que ganan menos dinero, comparativamente, que hace un par de décadas.

En estos pagos, hemos vivido siempre bajo la sentencia de que la riqueza nacional se concentra en las manos de unos pocos ricos y que el resto de la población malvive en la pobreza. Ah, y algunos observadores de la realidad niegan, de plano, la existencia de una clase media que, con perdón, está ahí, a la vista de todos, habitando en zonas extensísimas de nuestras ciudades, comprando en los centros comerciales, vacacionando en los hoteles all-inclusive y comiendo con la familia, los domingos, en restaurantes que no son nada baratos.

Naturalmente, hay muchísima gente pobre: casi la mitad de la población de este país. Pero su problema no es la desigualdad: a esos millones de mexicanos no les perjudica en lo absoluto que una joven pareja de profesionistas viaje a París o que se compre una pantalla plana de ultra alta definición. Lo que les afecta, a quienes viven sin poder satisfacer siquiera sus necesidades más elementales, es justamente eso, la miseria: la imposibilidad de alimentarse bien, de vivir en una casa cómoda, de recibir una educación adecuada y de contar con buenos servicios de salud. Y la culpa de esto no es de los sí tienen, por más que los ricos y poderosos sean el chivo expiatorio ideal para alimentar el discurso del resentimiento. El problema está en el diseño mismo de un sistema corporativista que propicia la improductividad, que premia el incumplimiento, que pone trabas a las iniciativas personales, que dificulta hacer negocios, que permite una escandalosa corrupción y que promueve una cultura paternalista para agenciarse los favores de los votantes. Pues eso.