Interludio

Los pobres, en su lugar…

En Brasil, los chavales de los barrios pobres han ideado una curiosa forma de hacerse presentes: se ponen de acuerdo, de boca en boca o a través de las redes sociales, y se aparecen por centenares en los centros comerciales de lujo. En principio, no destrozan ni arman mayores alborotos pero se colocan ahí, a la vista de unos compradores azorados y, sobre todo, molestos por la indecorosa irrupción de la pobreza en un espacio que hasta ese momento les pertenecía de manera particular. Y la consecuencia ha sido que los habituales visitantes, enfrentados de pronto a la realidad de un mundo con el que no quieren encontrarse, aunque sepan que existe, han dejado de frecuentar sus antiguos territorios excluyentes y ahora, en sus ratos libres, se quedan mejor en la comodidad de sus hogares.

Pero, ya volverán. O, a lo mejor, ya han vuelto porque las autoridades, siempre dispuestas a cumplir con su deber cuando toca, han dispuesto que las fuerzas policiales impidan la entrada a esos jóvenes tan impresentables. Si en la tele de Estados Unidos había un programa llamado The Lifesytle of the Rich and Famous que hacía salivar a todos los posible aspirantes, entonces podemos imaginar que en un espacio preservado de gente bonita, desenfadada y elegante no tienen cabida alguna esos otros, los que nacieron en un lugar socialmente equivocado y que, habiendo olfateado a la distancia la existencia de ropas de marca y de autos alemanes y de relojes suizos aunque no los puedan en lo absoluto adquirir, han tomado de cualquier manera la decisión de aparecerse en los deslumbrantes templos consagrados al consumo de lo superfluo.

Estaríamos hablando aquí de los derechos de la clase media alta que, aunque alguna gente no lo sepa, también los tiene. Y, entre esas prerrogativas que exige y a las que, miren ustedes, se les da cabal cumplimiento, está la de poder deambular a su aire y con toda comodidad en los malls. Y, pensar que la desigualdad sigue creciendo cada vez más en el mundo…