Interludio

¿Quién le paga a la CNTE? Nosotros, con nuestros impuestos…

Si les interesa la gobernabilidad, entonces que nos hagan caso. Palabras más, palabras menos, tal es la amenazadora advertencia que lanzan los profesores rijosos de la CNTE. A buen entendedor, es un aviso de que México se va a volver, pues sí, un país ingobernable. Pero, por favor, no es que la anarquía pueda brotar de manera natural sino que esa gente se encargará personalmente de crear el caos. Y ni siquiera disimulan sus propósitos sino que utilizan el amedrentamiento como moneda de cambio: mira, Gobierno, tenemos los medios para dislocar el orden público —ya lo hemos hecho, hemos bloqueado el acceso al aeropuerto de la capital, hemos logrado que miles de viajeros pierdan sus vuelos, hemos cerrado calles, hemos invadido espacios que pertenecen a todos los ciudadanos, hemos conseguido que quebraran negocios y hemos alcanzado la meta de que muchos trabajadores pierdan sus empleos— y, cuando se nos antoje, podemos movilizarnos de nuevo, dejar abandonados a los niños en sus escuelas, instalarnos otra vez frente a un monumento histórico y quedarnos allí todo el tiempo que nos venga en gana. ¿Nos estás oyendo, Gobierno inútil?

Y, el tal Gobierno, acojonado de que pueda ocurrir tamaña rebelión, deberá soltar otra millonada y apaciguar así a los agitadores. Porque, señoras y señores, de eso va la cosa. Lo de la CNTE no es un movimiento social ni nada parecido sino un mero montaje de extorsión permanente, muy calculadamente dispuesto por unos líderes de maneras delincuenciales, para asegurar prebendas, canonjías, enchufes, privilegios, ventajas y, sobre todo, inobservancias porque, a diferencia de esos otros mexicanos que se ganan la vida esforzadamente, estos mentados maestros de la CNTE reclaman, en primerísimo lugar, el derecho al incumplimiento.

Sabrán ustedes de la expresión “quien paga manda”. Pues, aquí es al revés. Nuestros impuestos sirven para que nos joda esa gentuza. ¿Hasta cuándo?