Interludio

¿Un 2 de octubre violento?

Gobierne quien gobierne, los problemas de siempre —la agitación social, el corporativismo, la inseguridad, la violencia y, mucho más preocupante aún, la irrupción del “México bronco” (que está ahí, bien presente aunque se le crea soterrado y que puede surgir en cualquier momento)— terminarán por aparecérsele delante de sus mismísimas narices.

Vean ustedes, si no, lo que les pasa ahora en Guerrero a quienes llevan ahí la cosa pública: resulta que, siendo militantes del PRD, un partido progresista y declaradamente preocupado por el tema de lo “social”, tienen ahora en su palmarés la muy poco honrosa faena de haber perpetrado la “matanza de Iguala”. No podemos imaginar, vistos parecidos sucesos, lo que ocurriría si esos pagos fueran gobernados por la “ultraderecha”, como algunos airados izquierdosos suelen calificar al Partido Acción Nacional: yo supongo que no sería ya una mera “matanza” sino un “genocidio” en toda la dimensión de la palabra, por más que, justamente, no sepamos (o, más bien, no queramos) aquí en México, y llevados por ese tremendismo teñido de aviesa mala fe, hacer las distinciones entre un término y otro.

Hoy se recuerda otra matanza (el diccionario de doña Real Academia Española reseña, entre otras acepciones, que es una “mortandad de personas” ejecutada en una batalla o un asalto y, a su vez, define “mortandad” como una “gran cantidad de muertes” lo cual —sin la menor intención de parecer insensible, ni mucho menos irrespetuoso, ante el acaecimiento de seis defunciones, inaceptables desde cualquier punto de vista— no fue lo que ocurrió en Iguala) y, más allá de que las víctimas merezcan ser honradas por la memoria y de que un acto de brutal represión deba ser denunciado, la ocasión no justifica las violencias que tienen lugar cada vez que vuelve el 2 de octubre al calendario.

Hablando, miren ustedes, del tal “México bronco”, pues ahí lo tenemos también, disfrazado de “protesta social”. Cierren hoy bien sus negocios, señores comerciantes.