Interludio

La mariguana recreativa

La mariguana, según parece, tiene virtudes terapéuticas. Digo, siempre y cuando no te la introduzcas al esqueleto por vía respiratoria, bajo la “presentación” (como se dice en la jerga farmacéutica) de un porro, sino que te la “administres” (siguiendo con la jerigonza de los médicos) por fuera (para “uso externo”, tal que rezan las instrucciones de ungüentos, bálsamos y potingues diversos), mezclada con alcohol, frotándola sobre el pellejo.

Por lo pronto, sería algo así como un anestésico, aunque algunos crédulos dicen que mitiga las migrañas, retrasa el crecimiento de los tumores, previene el síndrome de Alzheimer, relaja los músculos, reduce la presión intraocular (o sea, que te cura el glaucoma), arregla el tema del trastorno por déficit de atención y reduce la ateroesclerosis. La madre de todos los medicamentos, o sea.

Ah, pero es una sustancia ilegal. ¿Por qué? Pues, porque si la utilizas con fines meramente recreativos resulta que te cambia la percepción directa de la realidad y te la vuelve indirecta, en el mejor de los casos, o declaradamente tergiversada cuando se te pasa la mano con el consumo. Y, encima, te fastidia las neuronas. Y ahí, a la gente que nos gobierna como que no le parece bien el tema. Ha decidido cuidarnos de nosotros mismos, la gente que nos gobierna. Y esto, en prácticamente todo el mundo. Bueno, y ¿cómo nos cuidan? Muy simple: a los aficionados les prohíben consumir la hierba por mero gusto. Y a los que la producen, como es una sustancia proscrita, pues los persiguen y, si los atrapan, los llevan primeramente a una cárcel, los hacen luego comparecer ante el señor juez en alguna tremenda corte y, al final, les recetan una pena de prisión firme que no se la acaban. Lo dicho: así nos protegen.

Pero, hay cristianos, muchos, que no se dejan ayudar y que se emperran en seguir consumiendo-produciendo. Esa gente ya está ahí. ¿No sería mejor dejar de protegerla y permitirle se administre un porrito cuando le venga en gana?