Interludio

Tienen una imagen terrible de México

He discutido, muchas veces, con gente de fuera —conocidos, colegas, amigos, antiguos vecinos de cuando vivía yo en el Viejo Continente— para intentar meramente esbozar un panorama no demasiado catastrófico de este país. La última vez, tras de que hubiera yo escrito que la “madre mexicana”, esa suerte de institución nacional nuestra, tiene cierta responsabilidad en la educación de los machos violentos (o, por lo menos, algunas madres que, haciendo grandes diferencias en el trato que dispensan a sus hijos hombres y el que merecen sus hijas mujeres, promueven no sólo la desigualdad, desde la cuna, sino que validan una cultura colectiva de incumplimientos), una amiga holandesa me reprochó —de forma tan airada que creo que ya se terminó la relación— que cuestionara yo globalmente a las mujeres mexicanas siendo que vivo en un país donde son auténticos ciudadanos —que diga, ciudadanas— de segunda clase.

Hice el esfuerzo de hacerle entender que esto no es Arabia Saudí ni nada parecido (vamos, estamos a una distancia sideral de los usos y costumbres que se llevan en Musulmania): le hablé de jóvenes mujeres que tripulan aviones comerciales, de que somos una sociedad bastante abierta donde chicos y chicas se besan jubilosamente en todos lados, de que hubo una generación entera de políticos liberales que modernizaron a México en el siglo XIX, de que varias mujeres han sido presidentas de partidos como el PRI o el PRD, de que hay millones de madres solteras a las que nadie estigmatiza, en fin, traté de pintar un panorama razonablemente compuesto. Pero, no hubo nada que hacer: el tema de las muertas de Juárez y otras posibles violencias contra el género femenino brotó como una acusación tan irrebatible como condenatoria. Y, como un asunto así no hay manera de minimizarlo (porque, desde luego, no se puede soslayar parecida atrocidad), entonces quien tuvo la última palabra fue ella. Ah, y eso fue antes de lo de Ayotzinapa y de lo de Iguala. Ustedes dirán qué siguen pensando de nosotros en el mundo civilizado.