Interludio

El iPhone está perdiendo la batalla

Apple es la marca más valiosa del mundo. Le sigue Microsoft. Y, luego, Coca-Cola. Si te fijas en la cantidad de productos que vende la firma de Cupertino, es verdaderamente asombroso su desempeño financiero: tres o cuatro modelos de computadoras de mesa, dos líneas de laptops, dos teléfonos portátiles, dos tablets, los famosos iPods (cada aparato, eso sí, con la opción de varias configuraciones) y sanseacabó. Bueno, y algunos accesorios como la Apple TV —que, dicen, no genera ganancias— y dos sistemas operativos, el Mavericks para los ordenadores Mac y el iOS que utilizan los artilugios portátiles. Es todo.

Como buen usuario típico de Mac, me sirvo también de una PC. Le instalé, desde que se pudo descargar en su versión para desarrolladores, Windows 8 (y, luego, la actualización 8.1), con esos baldosines que casi no sirven para nada porque a la hora de la hora tienes que volver al escritorio de siempre —prácticamente idéntico al de Windows XP— para poder utilizar las aplicaciones y realizar las tareas habituales. Por lo demás, descubrir otro aparato a través de Bluetooth sigue siendo un fastidio, el panel de control no ha dejado de ser intrincado y algo tan simple como conectar un periférico y ver que su ícono aparezca en el escritorio, así nada más, parece ser una tarea imposible para los ingenieros de Microsoft.

Pero, si la superioridad del Mavericks de Apple es aplastante en comparación a Windows —en meros términos de facilidad de uso, elegancia, estética y sentido común— donde las cosas no van tan bien es en el tema del iOS que utilizan los teléfonos móviles. Creo que Android, en este sentido, ha tomado la delantera y, además, la competencia de fabricantes como Samsung y Sony no está dejando tan bien parado al iPhone 5s: escriban algo en el teclado virtual de un Xperia Z1, por ejemplo, y luego inténtenlo en la pantallita del iPhone. Nada que ver. Sony gana. Y no sólo en esto. En casi todo. Les urge ponerse las pilas a los genios de Apple.