Interludio

El gran misterio de la gente mala

Cierto porcentaje de la población, ya lo sabemos, tiene rasgos antisociales. En el sentido más clínico de la palabra estaríamos hablando de individuos que no experimentan sentimiento alguno de culpa al perpetrar violencias contra sus semejantes y al infligir sufrimiento al prójimo. Dentro de esta categoría de seres humanos —gente espeluznante porque el único freno posible a la crueldad es, precisamente, esa inquietud (o, esa duda) de que no está bien lo se hace y esa sensación, así sea posterior, de que en algún momento va a caerle a uno encima un castigo terrenal (o, peor aún, divino)— se encuentra, muy probablemente, el tal “niño sicario” y, con toda seguridad, esos canallas que filmaron a agentes de la Policía Federal, hombres y mujeres, mientras los torturaban y que tuvieron a bien mandar los vídeos a esta casa editorial donde, por si fuera poco, los exhibimos públicamente en nuestro canal televisivo de noticias (algo que, pienso yo, no debería de haber ocurrido pero, en fin, ése es otro tema).

Bueno, una pregunta de orden práctico, vistas las cosas: ¿en Michoacán, por ejemplo, hay más personas malas que, digamos, en estados de nuestra Federación más pacíficos y armoniosos como Yucatán, Aguascalientes o Querétaro? Esta cuestión, que pareciera que la formulo con una inaceptable ingenuidad y de manera exageradamente simplona, no deja de ser fundamental porque, después de todo, un país —o una región, un territorio, una ciudad— es el resultado directísimo del comportamiento de sus habitantes. Y, en el caso de esa parte del territorio nacional, uno puede preguntarse, antes que nada, de dónde han salido todos esos criminales tan perfectamente capaces de tomar poblados enteros, de aterrorizar a los vecinos, de secuestrar, matar y extorsionar.

Nuestra sociedad, supongo, fabrica un número excesivo, aparte de inaceptable, de personas sin escrúpulos y sin moral. Pero, encima, propicia la aparición de brutos violentos y peligrosos. Luego entonces, ¿en qué hemos fallado? ¿En la educación? Ustedes dirán…