Interludio

El gran dolor de México

El futuro ya está aquí. ¿Cuál? Pues, el que nos anunciaban. A quienes traspasamos la fecha que marcó el fin del milenio nos dijeron que en el siglo XXI ya no habría casi guerras entre los Estados nacionales, como esas dos pavorosas contiendas que marcaron la anterior centuria, sino que la batalla habría de emprenderse contra las grandes mafias criminales y las organizaciones terroristas; los problemas del medio ambiente ocuparían también un lugar importantísimo en la agenda pública.

Y, lo estamos viendo todos los días: el principal enemigo de México (no nos equivoquemos y señalemos a los primerísimos culpables de la violencia que azota a este país) es el crimen organizado; el adversario a vencer, en la escena internacional, es el extremismo islamista; y, de seguir las cosas como van, esos devastadores fenómenos naturales que antes ocurrían de manera excepcional ahora tendrán lugar con mucha mayor frecuencia en todo el planeta.

Hemos entrado además en una era de pesimismo globalizado a pesar de que la humanidad, en su conjunto, no ha conocido una época más pacífica y de mayor bienestar económico. Pero, hay también más desigualdad en las sociedades avanzadas, los salarios reales han caído y la viabilidad del Estado de bienestar está en entredicho. Aquí mismo, comenzamos a inquietarnos por cuestiones que han estado bajo control como el déficit de las finanzas públicas, los préstamos contraídos por el Gobierno federal o la depreciación del peso. Sin embargo, estas variables macroeconómicas siguen estando dentro de los rangos razonables. El posible catastrofismo no va por ahí. La gran amenaza es la inseguridad. Ya estábamos avisados. Hoy, lo comprobamos muy dolorosamente.