Interludio

De la euforia a la depresión en cinco minutos


Las cosas son lo que son. Hagámonos pues una pregunta, para revalidar esta perogrullada: ¿El equipo nacional de futbol de México es mejor que el equipo nacional de futbol de Holanda? No. No lo es. Y, ya puestos, formulemos otra interrogante: ¿México es una de las potencias futbolísticas mundiales? No. Tampoco.

Estas dos respuestas, que al formularse alcanzan el rango de constataciones irrebatibles, explican no sólo lo que ocurrió ayer en la cancha del Estádio Castelão de Fortaleza sino que sirven, más allá de que puedan aportar algo de consuelo a quienes se ilusionan con la muy fugaz y temporal supremacía del débil sobre el fuerte, para entender por qué los grandes, dicho esto en el sentido más preciso de la palabra, terminan ganando los encuentros aunque “no jueguen bien”.

Naturalmente, cuando ves que un equipo chileno neutraliza a un Brasil extrañamente deslavado, entonces se despierta en tu corazón el deseo de que se imponga la justicia divina: el de abajo, que se esfuerza noblemente y que exhibe una descomunal entereza, debiera ser recompensado. Y, desde luego, Costa Rica pudo derrotar, en su momento, a una Italia que no andaba bien y a un Uruguay que tampoco tuvo su día; y ayer, a la hora de la verdad, vencer a una Grecia que no es el equipo que se alzó en su momento con la Eurocopa, más allá de la noble combatividad que exhibieron los helénicos. Pero, cuando no imperan situaciones excepcionales, las jerarquías son las que mandan y las que deciden las cosas. La derrotas de México y de Chile son, en este sentido, perfectamente entendibles; parte, por así decirlo, de un orden natural.

Otra cosa: cuando un equipo como México es capaz de meter en problemas a Holanda, dejamos de advertir lo que ellos sí siguen haciendo: sus llegadas, sus oportunidades perdidas y su ulterior dominio, por no hablar de asuntos como esa patada de Márquez a Robben, en el primer tiempo, que hubiera podido marcarse como un penalti.

En fin, así trato yo de conjurar mi tristeza.