Interludio

Y la economía, mientras tanto…

Si tan solo la economía anduviera a todo tren y todo lo demás fuera una suerte de mal sueño. Pero no. Ahora dicen ya que la inseguridad compromete seriamente el posible, deseable y siempre elusivo crecimiento económico de este país. Lo que nos faltaba, oigan.

Nos habían avisado, en su momento, que nos íbamos a beneficiar del mentado "bono demográfico", a saber, el arribo al mercado de millones y millones de jóvenes que no sólo comenzarían a ser alegremente contratados en todas las empresas sino que integrarían una masa de entusiastas consumidores. Resultó, sin embargo, que esa dorada generación de mexicanos estaba compuesta mayormente de NiNis, como también ocurre, según las estimaciones de la ONU, a seis de cada diez jóvenes en el resto del mundo. Es un problema gravísimo que refleja en toda su magnitud la dureza de la existencia en esta época. Y, no sabemos adónde nos va a llevar esta situación porque unas sociedades que sacrifican tan despreocupadamente a sus jóvenes no pueden merecer un futuro mejor.

Nos habían prometido, también, que las reformas estructurales logradas gracias a los acuerdos celebrados en el Pacto por México iban a verse reflejadas en el bolsillo de los ciudadanos de a pie. Pues bien, no es tan sencillo el tema (y aquí, de paso, hay que impugnar la insidia de todos esos opositores desleales que, sabiendo que no ha comenzado siquiera el proceso de dar entrada a competidores en el mercado energético y que tampoco han tenido lugar las inversiones en el sector petrolífero, denuncian desde ya que no bajan los precios de la electricidad y las gasolinas) y, para ver la luz, tendremos que esperar todavía algunos años.

Y, bueno, el asunto de los impuestos parece que tampoco ayuda a que se compongan las cosas: se ha incrementado el número de contribuyentes pero la gente no se gasta el dinero que no tiene. El resultado es que se recrudece todavía más ese pesimismo nacional que, a su vez, hace la economía no despegue como se pudiera esperar. Urgen buenas noticias económicas. De verdad que sí.