Interludio

Todo es diferente en Michoacán

La primera razón que pretextan esos estadounidenses que se arman hasta los dientes es que, llegado el caso, necesitan defenderse de sus semejantes. Parece un tanto excesiva la compra de un subfusil automático para sentirse enteramente protegido pero, en fin, más allá de los intereses de los fabricantes de armamento y de las posibles garantías que otorgue la Segunda Enmienda que se le hizo a la Constitución de 1787, algunos defensores del derecho a poseer y portar armas invocan argumentos bastante sensatos. Para mayores señas, el simple hecho de que a la policía le tome cierto tiempo llegar a tu casa luego de que hayas telefoneado para pedir auxilio justificaría que tengas tú a la mano los medios para asumir tu protección. Esta capacidad de defensa puede significar la diferencia entre la vida y la muerte. Y, como en nuestro vecino país no solamente importa la mera supervivencia de los humanos sino también la conservación de sus bienes materiales, en algunos estados de la Unión puedes descerrajarle un tiro a cualquier individuo de la especie si lo sorprendes robando en la vivienda de tu vecino. Así de claro y así de terminante el asunto.

En México no tenemos leyes tan permisivas. Pero, ya lo ven ustedes, muchos habitantes de Michoacán han tomado también las armas para encargarse ellos mismos de su seguridad personal. El problema es que no sabemos si son gente de bien o sujetos peligrosos que siguen perpetrando sus crímenes de siempre pero ahora bien acreditados al llevar un disfraz de protectores ciudadanos. El otro día, estos supuestos guardianes escenificaron un batalla campal en la que murieron 11 personas. No es la conducta habitual de unas fuerzas del orden. Pero, en fin, estamos hablando de Michoacán…