Interludio

Los desorbitantes costos de producir electricidad


Miro, con espanto, las cifras del recibo que me acaba de enviar doña Comisión Federal de Electricidad (CFE). Mis consumos de lobo solitario no son nada desmedidos pero de cualquier manera figura un inquietante aviso de que estoy “dentro del rango de consumo EXCEDENTE”, así, con intimidatorias mayúsculas. Me entero, luego de una observación más detenida de los referidos consumos, de que he utilizado alegremente 150 kWh, lo más básico de lo básico, de que me he quemado otros 130 kWh dentro del apartado denominado “intermedio” y, ay mamá, de que he incurrido en la desenfadada utilización de otros 8 kWh que, ahí sí, están duramente castigados tarifariamente (cuestan más del triple de lo que tienes que apoquinar por los ‘básicos’).

Pero, miren ustedes, lo que me escandaliza es descubrir, en ese mismo recibo, que papá Gobierno me ha regalado, ése es el término, casi mil pesos bajo la forma de un generosísimo subsidio que, en la eufemística terminología oficial, figura como “aportación gubernamental”. O sea, que si controlo mis impulsos de consumir electricidad a lo bestia y no utilizo kilovatios-hora de los caros, entonces nuestro Estado de bienestar me abarata artificialmente la factura energética: de los 340 pesos mexicanos que me exige solventar para seguirme vendiendo electricidad, se faja los pantalones con resignado estoicismo y, en efecto, aporta “gubernamentalmente” una suma de 914 pesos. O sea, que si me tocara pagar el total de lo que le cuesta producir electricidad a la antedicha CFE, la cuenta me saldría en más de 1.200 varos (uso el punto decimal como Dios manda en la lengua castellana, amables lectores). Y eso, por consumir meramente 288 kilovatios-hora durante 62 días. Carísimo. Demencial. Exorbitante.

Ah, y aquí viene lo más asombroso: CFE perdió, durante 2013, más de 37 mil millones de pesos. ¿De dónde diablos sale el dinero para cubrir tamaño quebranto? Bueno, ahí lo dejamos…