Interludio

La desigualdad… de oportunidades

El imparable crecimiento de la desigualdad en las sociedades desarrolladas preocupa cada vez más a sociólogos, analistas y estudiosos de diverso pelaje. Iba yo a escribir que el tema intranquilizaba también a los responsables políticos pero, vistas las cosas (y visto que quienes mandan de verdad en este mundo son, justamente, los mismísimos promovedores de que la riqueza se concentre en unas pocas manos), creo que su margen de acción es muy reducido, por no hablar de que no les interese en lo absoluto cambiar el modelo.

Ahora bien, si este fenómeno se puede advertir en países como España o Estados Unidos, en México viene siendo algo así como un destino natural: fuimos colosalmente desiguales desde nuestros orígenes, como tantas otras naciones (la Europa medieval no era precisamente un ejemplo de justicia), pero la desigualdad sigue siendo, tal vez, el primerísimo de los problemas que enfrentamos en estos pagos.

El socialismo real se propuso acabar con las diferencias sociales de manera tan arbitraria como engañosa (la élite gobernante se convirtió muy pronto en la nueva subespecie de potentados, disfrutando de unos descomunales privilegios) y, al desplomarse mundialmente los regímenes comunistas, se reforzó la idea de que no todos los individuos de la especie merecían los mismos provechos sino que el pastel debían repartírselo los más esforzados y talentosos.

Muy bien, es tal vez una quimera la expectativa de que a todos nos toque, por decreto, un bienestar razonable pero el asunto no está ahí sino en la catastrófica disparidad de oportunidades que resulta, en un país como el nuestro, de las diferencias entre los ciudadanos. Nacer en ciertos estratos te coloca, fatalmente, en el vagón de cola del aprendizaje y la formación personal. La desventaja, frente a los jóvenes joven que reciben una educación bilingüe, que viajan, que navegan a sus anchas por la Internet o que dominan las matemáticas es abismal. Por eso, justamente, necesitamos maestros capaces de ganar sus plazas por oposición. Pues eso.