Interludio

El crudo lenguaje de los populistas

En un primer momento, tras el ataque a Charlie Hebdo, pensé que todos los diarios europeos publicarían al día siguiente las más irreverentes y ofensivas viñetas del semanario. Hubiera sido la mejor manera de enviar una señal clarísima a los islamistas asesinos: ¿pretendes aterrorizar a los periodistas al punto de que ya no propaguen lo que no te gusta o lo que te ofende? Pues, mira, aquí lo tienes de regreso multiplicado por cien, en todos los periódicos del Viejo Continente y en aquellos otros que, sintiéndose concernidos por la estremecedora manifestación de la imbecilidad criminal, se han sumado a la protesta en el resto del mundo.

Pues no. Las portadas exhibieron ciertamente la leyenda “Je suis Charlie Hebdo” pero la solidaridad no llegó tan lejos. ¿Prudencia? ¿Respeto o —mejor dicho, y parafraseando a Salman Rushdie— temor?

El debate público en las sociedades occidentales, atenazado por la opresión de lo políticamente correcto, está dejando de ser claro y da muestras de un indudable acobardamiento. Quienes sí hablan bien alto y bien claro son los emisarios de la extrema derecha: ahí lo tuvimos a Jean Marie Le Pen, el fundador del Frente
Nacional quien, al preguntarle Le HuffPost sobre la unidad de los franceses, respondió: “Unión nacional de mis nalgas; nos están relegando”, porque se debatía si su partido, xenófobo y extremista, debiera participar en la gran manifestación de ayer en París.

Los populistas, de uno y otro bando, son quienes sacan ahora partido del lenguaje crudo. Aquí, sonó estruendosamente ese famoso “cállate, chachalaca”. No fue del gusto del respetable. Pero, los tiempos han cambiado: hoy, hay mucha más crispación. Y, por lo pronto, la derecha se fortalece en Europa. Mal negocio…