Interludio

2013: lo bueno, lo malo y lo feo en México

Lo bueno, asombrosamente, fue la política. No había ocurrido, en estos tiempos de alternancia democrática, momento alguno en que los diferentes grupos partidistas pudieran acordar un arreglo, así fuere que estuviesen en juego los intereses superiores de la nación. En este sentido, el Pacto por México ha significado una radical transformación en el escenario de lo público y ha sacado al país de ese pernicioso inmovilismo que duraba ya lustros enteros. Nuestro Congreso bicameral ha tramitado una extraordinaria cantidad de reformas y cambios.

La apertura de una colosal planta armadora de Nissan en Aguascalientes es tal vez una de las mejores noticias del año, junto con otras que se refieren a estados que reciben sustanciales inversiones como Querétaro, Guanajuato o Jalisco.

Lo malo ha sido una economía que no crece, en espera de que los efectos de las reformas comiencen a observarse en la vida diaria de los mexicanos. Hemos padecido también unos desastres naturales que
han devastado zonas enteras del país. Y, en el apartado de los desastres artificiales, la nefasta actuación de las hordas de la CNTE ha tenido unas consecuencias terribles en la educación de millones de niños en Oaxaca y otras entidades sojuzgadas por la organización magisterial, al extremo de que uno puede preguntarse si México tiene verdaderamente un futuro si esa gente sigue ahí. La tibieza de las autoridades ante la flagrante disolución del orden público fue muy nociva para el entramado institucional.

Lo feo ha sido una delincuencia que amenaza crecientemente a los ciudadanos con prácticas tan aterradoras como el secuestro, el más abominable de los quebrantamientos, y la extorsión, por no hablar del robo.

En fin, muy feliz año nuevo.