Interludio

Los braceros despojados

Algunas cosas que ocurren en este país son absolutamente asombrosas en lo que tienen de injustas, arbitrarias e inmorales. Ahí tienen ustedes, para mayores señas, el caso de todos esos mexicanos que, en la década de los años 50, trabajaron en los labrantíos de nuestro vecino país del norte, gracias a un a acuerdo celebrado entre los Gobiernos, y a quienes las autoridades estadounidenses retuvieron un diez por cien de la paga para que disfrutaran de una merecida pensión cuando volvieran al terruño. Ese dinero lo entregaron al erario de Estados Unidos (Mexicanos). Y, bueno, pasadas ya varias décadas, resulta que a Chuchita la bolsearon y que los billetes no aparecen. ¿De qué demonios estamos hablando? De un robo en despoblado, señoras y señores, perpetrado contra personas esforzadas y decentes, hijos de la patria —los famosos braceros— que emigraron temporalmente para ganarse el pan de cada día y que se rompieron el lomo en duras faenas esperando, con todo derecho, que algún día habrían de cosechar el fruto de sus esfuerzos. Y, pues no. La plata se esfumó. Como si fuera tan complicado llevar un simple registro de lo que entra a la caja y como si la mera tarea de guardar dinero ajeno entrañara impenetrables dificultades para un Estado soberano, con todas sus respetables instituciones, su banco central, sus ministerios y sus hacendosos burócratas.

Naturalmente, hemos tenido aquí estrepitosas devaluaciones y a lo mejor por ahí va el asunto: en mis tiempos, el dólar lo comprabas más o menos al mismo precio que ahora: 12 pesos con 50 centavos. Y así fue durante años enteros. Pero, luego, ocurrió la tragedia de que nos gobernaran dos populistas tan irresponsables como vanidosos que, uno tras otro, hundieron a un país próspero en una terrorífica crisis económica: nuestra moneda nacional se desplomó hasta valer —pellízquense ustedes para despertar totalmente sus sentidos porque no están soñando— la milésima parte de su anterior cuantía. A esa divisa le quitaron, pues sí, tres ceros. Y, supongo, a los braceros también.