Interludio

Telmex contra Pemex: ¿quién sube los precios?

Una de las más recurrentes jeremiadas, a propósito de las privatizaciones realizadas en este país, es que Telmex brinda un servicio caro y malo. Pues, con el perdón de ustedes, no es cierto. La mayoría de los lectores, muy seguramente, no vivieron aquellas épocas en que la corporación, manejada por papá Gobierno, proporcionaba, ahí sí, unas prestaciones abominables: para obtener una línea debías esperar años enteros, la calidad de las comunicaciones era deplorable y cuando se te descomponía el teléfono podían pasar varios meses antes de que lo repararan. Y, en cuanto al presunto encarecimiento del servicio, hace mucho tiempo —algo así como un lustro, por lo menos— que la compañía no sube sus tarifas. Lo que si sube cada mes, miren ustedes, es la gasolina que nos vende Pemex, la empresa paraestatal de todos los mexicanos. ¿En qué quedamos, entonces?

Pero, además, qué posible crítica se le podría hacer al sector privado si el primer opositor de la nación, el que se rasga las vestiduras denunciando a “los ricos y los poderosos”, el defensor plenipotenciario de los pobres de este país, o sea, el señor Obrador, no eligió un hospital de la seguridad social —no acudió a un nosocomio del IMSS o a un sanatorio del ISSSTE— para que le dispensaran las atenciones clínicas que requería el infarto que padeció sino que se fue directito al centro Médica Sur, un hospital tan privadísimo como carísimo. El hombre ha cacareado, una y otra vez,  que habita un sencillo apartamento en Copilco. Pues, el sanatorio de Xoco le quedaba a muy poca distancia. ¿Por qué no pidió que lo llevaran a ese lugar?

Yo supongo que pensó que le iban a dar mejores cuidados en el otro. Y eso que el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, que pertenece a la Secretaría de Salud, le quedaba también de camino. En fin, no pretendo cuestionar la decisión de tan distinguido paciente. Sólo digo que a él también le gustan los servicios que ofrece el sector privado. Eso es todo.