Interludio

Surrealismo puro en Iguala


Las autoridades han detenido a muchos de los posibles responsables de haber perpetrado el secuestro de los 43 jóvenes en Iguala. Eso dicen o, por lo menos, eso parece que dicen o eso es lo que creemos que dicen. Muy bien, entre esos arrestados, que por alguna razón se les pudo atribuir cierta relación con los hechos acaecidos —estaban ahí, fueron denunciados por un tercero, confesaron espontáneamente su participación o, digamos, aparecen en las imágenes grabadas por una cámara oculta—, ¿no hay nadie que pueda, así sea de refilón o por pura torpeza, decir dónde se encuentran los desaparecidos?

Son cosas que no se entienden. Pero, el mero hecho de plantearlas, de que uno se sienta llevado a formular una interrogación tan rudimentaria —la repito: oigan ustedes, señores investigadores y señores fiscales y señores detectives y señores criminalistas y señores forenses, ¿si ya detuvieron a varios presuntos responsables de los hechos (que por alguna razón habrá ocurrido la tal detención, digo), entonces no hay manera que dos o tres de esos detenidos puedan, llegado el momento, responder la que, en el caso que nos concierne, sería la madre de todas las preguntas, a saber: dónde diablos se encuentran esos muchachos?— el simple hecho, repito, de que te venga a la mente tal interpelación exhibe, en toda su asombrosa magnitud, lo absurdo de todo esto.

Y, bueno, pues resulta que no, que no saben nada o, en todo caso, que no han logrado obtener la suficiente información como para localizar a… ¡43 personas! Insisto: es asombroso, es insólito y sería también grotesco y ridículo de no significar una auténtica tragedia. Y ocurre también que, así nada más (pero, ahí sí, en plan desaforadamente indagatorio), nuestros sabuesos descubrieron varias fosas con montones de cadáveres calcinados. Cosas de todos los días, estimados lectores, simples anécdotas. Esos cuerpos, sin embargo, no son los de los otros sino… En fin, ya basta de surrealismo siniestro. Mañana será otro día.