Interludio

¡Shhh! Ni hablen de la Alianza del Pacífico…

Hay que manejar con pinzas, dicen, el tema de la Alianza del Pacífico. Como es un club de países gobernados por líderes pragmáticos –y mucho más inclinados al libre mercado que a la tradicional retórica victimista (y revanchista) de los latinoamericanos— pues entonces los otros, los promotores del populismo izquierdoso irresponsable se pueden mosquear: bien susceptibles que son, de todas maneras, y bien que buscan cualquier pretexto para descubrir, en cada posible acción o iniciativa, la mano de ese “imperialismo
yanqui” que vislumbran hasta en la sopa.

Las naciones de nuestro subcontinente han tomado dos vías económicas diferentes: Chile, Colombia y Perú nos llevan ciertamente la delantera en el tema del crecimiento pero compartimos, con sus Gobiernos, una decidida disposición al comercio sin trabas, los intercambios y las reciprocidades. Miren ustedes, por el contrario, las barreras que ha estado poniendo la Argentina a las exportaciones de coches armados en México y las tarifas con las que Brasil intenta proteger su mercado interno, por no hablar de la catastrófica situación de Venezuela, un país donde ya no hay dólares siquiera para asegurar la producción de autopartes (la planta ensambladora de Toyota en la ciudad de Cumaná suspenderá su producción durante 45 días porque no encuentra divisas en el mercado cambiario para adquirir sus insumos) siendo que tiene unas fabulosas reservas de petróleo. Es cierto, también, que la economía mexicana está demasiado centrada en las exportaciones a Estados Unidos pero, en estos momentos, la evidente recuperación económica de nuestro vecino va a beneficiarnos.

Sudamérica ha estado aprovechando los altos precios de las materias primas; pues, resulta que también pueden bajar (y, de hecho, lo están haciendo). Y no sabemos qué tan dura terminará por ser la resaca en Brasil luego de los colosales dispendios mundialistas y olímpicos.

O sea, que nos hemos asociado con los mejores de la clase. Pero, no hay que cacarearlo. Los otros, lo repito, son muy maliciosos y suspicaces.