Interludio

Quítate tú para que gobierne yo


Todo se reduce a eso, a que se vaya el otro para que te aparezcas tú, en plan declaradamente salvador-redentor-providencial para, luego de prometerle el oro y el moro a los ilusionados votantes, sentar tus reales en el correspondiente cargo público y comenzar a mangonear al prójimo, aparte de celebrar provechosos acuerdos y hacer esos mismísimos negocitos que tan censurables parecen cuando los de enfrente son quienes se llevan las tajadas del pastel.

Las cosas no van nada bien, amables lectores. Ni aquí ni en China. Bueno, allá marcha la economía a todo vapor —a pesar de que se ha ralentizado un tanto el crecimiento— mientras que aquí, y en el resto de las naciones de nuestro subcontinente a excepción de Colombia y Perú (y Panamá, que es una locomotora), no logramos sobrepasar unas muy magras cifras de crecimiento. Otros países, como España y Portugal, han tenido que imponer unas medidas de austeridad que han impactado brutalmente a la población. Y, por si fuera poco, los ciudadanos se enteran de las raterías, privilegios, corruptelas y favores que se tramitan a la sombra del poder político. El marido de su Alteza Real, la tal Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia, que no es un pelagatos del montón sino hijo de banquero vasco y aristócrata belga, tenía de cualquier manera los apetitos terrenales de cualquier hijo de vecino y, aprovechando su condición de duque consorte de Palma de Mallorca, comenzó a cosechar alegremente dádivas millonarias a cambio de los inexistentes servicios que habría de contraprestar una tal Fundación Nóos creada expresamente por él. Estamos hablando de la familia real de España, señoras y señores. Pues bien, este caso, junto a las decenas y decenas de otros que han protagonizado los politicastros del partido gobernante, ha impactado de tal manera a la población que ya se apareció en el horizonte la agrupación populista de turno, de nombre Podemos, para anunciar que todo será diferente cuando gobierne. ¿Sí? Ay...