Interludio

¿Qué tipo de ciudadanos hemos creado?


Se habla mucho de la impunidad, consentida por nuestro desastroso sistema de justicia, para explicar la violencia criminal que azota a este país. Y sí, es cierto que la amenaza de un castigo severo tiene un efecto disuasorio en muchos de esos individuos de la especie que sienten la tentación de perpetrar un delito. Pero, al mismo tiempo, existen millones de ciudadanos a los que la idea de robar, asesinar o secuestrar no les pasa siquiera por la cabeza. Y esto, independientemente de las posibles consecuencias legales que pudieran afrontar. Estaríamos hablando, entonces, de algo muy diferente, de una suerte de propensión al mal que no está directamente relacionada con la rendición de cuentas sino que anida, desde un primer momento, en la oscura personalidad de algunos seres humanos.

En este sentido, la mera realidad de que tantos compatriotas nuestros estén dispuestos a cometer los delitos más abominables resulta simplemente aterradora. México sería, luego entonces, un territorio poblado por una descomunal cantidad de canallas desalmados, gente que no experimenta sentimiento alguno cuando mata a un semejante, cuando lo mutila o cuando lo tiene delante, aterrorizado, a merced de sus más sanguinarios impulsos.

Ante este panorama, deberíamos también hacernos una pregunta sobre el tipo de sociedad que somos y sobre las razones por las que, aquí y ahora, nos encontramos rodeados de tantos asesinos. Porque, señoras y señores, esos policías de Iguala, en tanto que son una fuerza constituida por muchas personas, no pueden ser calificados meramente como individuos aislados, algo así como esos asesinos en serie que se mueven en la sombra, sino que exhiben a todo un país. Para mayores señas, tenemos una funesta imagen en el extranjero precisamente por eso, porque ocurren aquí estremecedoras atrocidades, porque hubo decenas —o, tal vez, centenares— de mujeres muertas en Ciudad Juárez, porque aconteció una espantosa masacre en San Fernando, etcétera, etcétera. Estos monstruos se criaron aquí. ¿Por qué?