Interludio

La Orden del Temple 

Apoltrónense ustedes delante la pantalla de su ordenador de sobremesa, arrellánense confortablemente en un sofá para navegar en su laptop o, de plano, échense en la cama matrimonial de su acogedora alcoba y, con el iPad en el regazo, escriban el término “templario” en el teclado virtual y, en cuanto aparezcan las diferentes entradas que ofrece su buscador preferido —que espero que sea el Chrome porque es el mejor— hagan un clic en la que ofrece, muy generosamente, la socorrida Wikipedia. 

Y, bueno, tendrán ahí una muy apreciable información sobre los auténticos Caballeros Templarios, a saber, esos muy valerosos miembros de la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, algo así como una cuadrilla militar, fundada en 1119 por Hugo de Payens y cinco guerreros más, recién desmovilizados de la Primera Cruzada en  Tierra Santa para, miren ustedes, proteger a los peregrinos que decidían  afrontar los peligros del viaje hasta Jerusalén —eran asaltados por bandas en los caminos y debían pagar peajes a los caciques (no es un término de la época, lo sé, pero nos sirve para vislumbrar la  violenta realidad de esos tiempos desde una perspectiva, digamos, mexicana actual).

Esos tales caballeros, de la gente más peleona que guerreó en las batallas contra los fanáticos de Musulmania que amenazaban a la Europa medieval, terminaron por ser eliminados por un rey, Felipe IV de Francia que, con  un gran sentido de la oportunidad (porque le debía mucho dinero a la Orden), terminó por convencer al Papa de turno, de nombre Clemente V, de  que eran personajes indeseables. Y Su Santidad mandó apresar a un buen número, los torturó como Dios manda y los quemó en la hoguera antes de  disolver la organización.

No podemos saber a quién diablos se le ocurrió, en estos pagos, adoptar el  nombre de los caballeros de la Orden del Temple para bautizar a los sicarios, los secuestradores, los extorsionadores y los asesinos de su organización criminal pero, hay que decirlo, al tipo no le faltó imaginación.