Interludio

Niños ahogados en la bahía de La Habana

Perdido entre los festejos del Mundial y otras efemérides mucho más conmemoradas, se disipó el aniversario de un suceso abominable, el hundimiento del remolcador 13 de Marzo, perpetrado por la dictadura castrista el 13 de julio de 1994.

Se cumplen 20 años de este crimen de Estado y, miren ustedes, tan panchos que estamos todos. Y, en lo que toca a los presuntos progresistas de este planeta, tan dispuestos que están, los partidos de la toda la izquierda, a seguir glorificando a un régimen represivo, antidemocrático, sanguinario y cruel o, por lo menos, a pasar discretamente la página y mirar hacia el otro lado.

Esto no se entiende. Los cubanos que abordaron el tal remolcador pretendían huir de la isla, como esos tantos otros ciudadanos dispuestos a afrontar las más riesgosas eventualidades para no vivir la asfixiante cotidianidad que padece un pueblo totalmente sojuzgado y al que, por si fuera poco, se le asesta, a diario, un discurso mentiroso y mendaz. Porque, señoras y señores, en Cuba no ha disminuido la pobreza ni tampoco hay extraordinarios índices de salud ni hay comida para todos ni mucho menos igualdad: hay una casta de politicastros —y su parentela y sus allegados— que se han apoderado de un país entero y que se reparten entre ellos el botín de una manera tan escandalosa como disfrazada. Ah, pero quien se atreva a criticarlos —fuera de la isla, desde luego, porque en casa no hay libertad de expresión ni nada parecido— merecerá, de inmediato, las furibundas denostaciones de esa mafia gobernante, experta en palabrerías y demagogias. ¿Denuncias sus crímenes, sus raterías y sus abusos? Pues, eres un “enemigo de la Revolución Cubana”. Un enemigo del pueblo, o sea. Ay, mamá.

Murieron ahogadas 41 personas, diez niños entre ellas, cuando, hace 20 años, otras embarcaciones embistieron intencionalmente al antedicho remolcador en la bahía de La Habana. Las víctimas estaban avisadas, sin embargo: los castristas siempre han bramado “Revolución o Muerte”.