Interludio

Música de alquiler

En mis tiempos, los discos eran de vinilo y venían dentro de una funda de cartón, en lugar del rompedizo estuche de plástico de los CD de ahora. Me encantaba ese embalaje. Recuerdo sobre todo uno, de la primera sinfonía de Brahms, cuya portada —una pintura de las calles de una ciudad europea— yo miraba mientras escuchaba la música, asociando los temas de la obra a ese paisaje urbano y estableciendo una conexión directa entre la nobleza de las sonoridades y la belleza, lejana e inaccesible, de ese paisaje urbano.

Lo primero que dejo de gustarme de los nuevos formatos fue la reducción del tamaño: ya no eran superficies, auténticos cuadros, para ponerte a ensoñar sino diminutos rectángulos, casi etiquetas, insípidos e insignificantes. Por si fuera poco, a los consumidores nos hicieron creer que el sonido era mejor, cosa que no es cierta inclusive en estos días. Naturalmente, no escuchabas el ruido del frotamiento de la aguja en el surco ni los crujidos del plástico rayado. Pero, miren ustedes, ese sonido digital, tan destemplado y ácido, se ha quedado ahí para siempre, en oposición a los ricos timbres de lo analógico.

Bueno, pues hoy, encima, resulta que ya tampoco se venden los discos físicamente —ni los de audio ni los DVD con películas—, sino que los compradores de contenidos comercializados legalmente los podemos disfrutar en streaming (me niego a utilizar los términos equivalentes, “lectura en tránsito” o “difusión en flujo”, en la lengua española), es decir, que los vamos viendo o escuchando a medida que se descargan de la Internet (aquí sí, señoras y señores, es la red, con artículo femenino). O sea, que ya no poseemos materialmente un objeto que pudiéramos adorar secretamente y mirarlo cuantas veces queramos sino que nos lo prestan, por así decirlo o, más bien, nos lo alquilan. Por un tiempo nada más.

De cualquier manera, es fantástico porque tienes a tu alcance miles y miles de libros. Y millones de canciones. Es el precio de la modernidad. Luego entonces, dejemos a un lado la nostalgia.