Interludio

Michoacán quién es quién

Imaginémonos, a nosotros mismos, en el papel de esa gente que ha decidido protestar públicamente, en Michoacán, por la presencia de las milicias de autodefensa. ¿Saldríamos a incendiar autobuses y camiones, en las carreteras, que son propiedad de personas que no sólo no tienen nada que ver con el asunto sino que brindan un servicio a la comunidad? ¿Son ustedes, pacíficos lectores, capaces de quemar un vehículo? No lo creo. Luego entonces, ¿de qué tipo de personas estamos hablando, en el caso de los incendiarios? ¿De un pueblo llevado a los límites de la desesperación que expresa furiosamente su descontento o de una horda de individuos deliberadamente violentos, dirigidos por terceros, que busca amedrentar a los habitantes de la zona?

Esto, no lo sabemos. Supongo que en los organismos de inteligencia del Estado sí están enterados. De ahí a que las autoridades puedan controlar a los unos (a los ciudadanos presuntamente encolerizados) o a los otros (a los sicarios y delincuentes del crimen organizado) hay un trecho muy largo. El hecho es que ciertas regiones de Michoacán, hoy día, son el territorio privilegiado de la incertidumbre, la violencia, la inseguridad y la anarquía.

¿Cómo se llegó a esa situación? Pues, no es tan difícil de entender: el origen del problema está en la podredumbre de un aparato de justicia que no tiene la capacidad de aplicar la ley y de mantener el orden. Para todos aquellos liberales a ultranza que fantasean con la ausencia total del Estado en el espacio de lo público, pues ahí tienen el ejemplo más inquietante, aparte de desastroso, de lo que puede ser la vida cuando no hay un poder central firme.

La mera idea de que el pueblo se organice por cuenta propia para asegurar su protección es bastante atractiva, por no decir emocionante. El problema es que no sabemos quién está detrás. Y, si las tales milicias han sido infiltradas, muy pronto se convertirán en una amenaza para los propios habitantes de Michoacán, antes de enfrentarse directamente  al Gobierno. La cosa está de terror….