Interludio

Mensaje de flagrante insolidaridad nacional

El centro de México, particularmente la zona de El Bajío, crece más que el resto del país. Alguien decía, por ahí, que este logro regional debiera extenderse por todo el territorio nacional. Pues, vayan y díganle al gobernador de Oaxaca, por lo pronto, que le pague su sueldo a los maestros que sí enseñan, esos sacrificados profesores de la Sección 59 del SNTE y que, ya puesto el hombre, se olvide de los oscuros compromisos que tiene celebrados con los impresentables de la nefasta Sección 22. Y luego hablamos de crecimiento y de historias de éxito.

Los estados más desordenados son también los más pobres. Y lo malo —hablando en plan desaforadamente segregacionista, discriminatorio, insolidario e interesado— es que los demás ciudadanos de Estados Unidos (Mexicanos) —digo, hablo los que pagamos impuestos (y, les aseguro a los que nada más solventan el IVA en sus compras o que costean meramente la tributación predial, que duele mucho soltarle a doña Hacienda plata contante y sonante sabiendo que papá Gobierno, en vez de cuidar los recursos que nos ordeña a los contribuyentes, los dilapide irresponsablemente en obras públicas como ese andamio miserable, la tal Estela de Luz, con que se atrevió a celebrar el bicentenario de nuestra nación, o fracasos tan asombroso e inauditos como la famosa Línea 12 de metro de la sufrida capital)—, lo malo, repito después de la farragosa parrafada que acabo de recetarles a ustedes, pacientes lectores, es que somos, justamente, los mexicanos afincados en las entidades federativas donde sí se trabaja y sí se produce, quienes mantenemos, entre otras nocivas subespecies que se han desarrollado a la sombra de la cultura corporativista, a los maestros haraganes y mafiosos. Ahí los tienen ustedes, para mayores señas, bloqueando carreteras en Michoacán. Y no olvidemos que quemaron vivo a un trabajador de una gasolinera en Chilpancingo. ¿No se podrían independizar esas comarcas para dejarnos que nuestro dinero lo gastemos en nosotros?