Interludio

Lorenzo Zambrano: el empresario ejemplar

Los mexicanos tenemos una relación muy particular, aparte de contradictoria, con la figura del empresario exitoso: expresamos, las más de las veces, una suerte de rechazo primario, teñido de oscuro resentimiento, que proviene, supongo, del ancestral victimismo de un pueblo que se ha sentido, desde sus orígenes, pisoteado por extraños enemigos, aviesos forasteros e invasores imperialistas. Gente que, en nuestra airada visión de las cosas, se apareció por estos pagos para arrebatarnos nuestros usos y costumbres, tan ancestrales como sacrosantos, y para despojarnos de nuestras riquezas.

¿Qué mayor agravio colectivo puede abrigar una noble nación en sus entrañables entrañas y qué ultraje comparable pudiera no dejar de envenenarle la sangre que circula por sus latinoamericanas venas abiertas?

De los aztecas, que eran sanguinarios, injustos y colonizadores, mejor ni hablamos. Después de todo, eran de casa. No haremos mención alguna, tampoco, de los pueblos autóctonos que se aliaron con el conquistador español, justamente, para librarse del yugo centralista de aquellos antiguos mexicanos. Pero, una vez consumada la ocupación del territorio, hay que reconocer que los nuevos dueños se dedicaron alegremente al saqueo desaforado y a la perpetuación de la desigualdad social. De ahí, lo entendible de un resentimiento que —volviendo al tema de los hombres de negocios y los emprendedores— se sigue cebando en los “ricos y poderosos”, por citar a uno de nuestros clásicos contemporáneos.

Pero, miren ustedes, resulta que, según algunas encuestas, un personaje como Carlos Slim, a pesar de todos los pesares, sería gustosamente aceptado por una mayoría de conciudadanos como presidente de la República. Qué decir, entonces, de un empresario ejemplar, Lorenzo Zambrano, cuya súbita desaparición deja un hueco muy difícil de llenar. Por lo pronto, creo yo, reconocer que hemos perdido a uno de los hombres más valiosos de este país. Y, de paso, reconciliarnos con la realidad de nuestras propias responsabilidades.