Interludio

Limpiar a la policía desde abajo

En principio, el nivel profesional de un grupo está determinado por el nivel que tiene el más bajo e incapaz de sus integrantes. Así se ha definido el criterio para calificar a las empresas y a las instituciones. Y con esa fórmula se valoran también muchas otras cosas como, por ejemplo, el desempeño de las computadores. En algunas de las versiones del sistema operativo Windows había una herramienta de evaluación del hardware de la máquina que otorgaba puntos, justamente, a partir del componente más débil. Ese hecho incuestionable, el de que el módulo menos funcional te reduce el rendimiento de todo el sistema, sería todavía más evidente, pongamos, en el caso de un avión modernísimo, equipado con la más avanzada tecnología, que tuviera a pesar de todo algún elemento estropeado o simplemente defectuoso de origen. No serviría de nada lo demás. Y es que no hay excelencia posible cuando en una organización, o en una maquinaria, no funcionan correctamente todos sus componentes.

Pues bien, el tema aquí es la policía. Tenemos, creo yo, cuerpos profesionales que se desempeñan ya con solvencia y capacidad. Se han mejorado mucho algunas corporaciones en varios estados de la República: ahí están Nuevo León y Chihuahua, por no hablar de otros lugares, como Aguascalientes, donde el sistema de justicia ha sido tradicionalmente mucho más eficaz que en tantas otras partes. Y ahí tenemos también a la Policía Federal. Pero, cuando te toca lidiar con el individuo rústico, prácticamente iletrado, provisto encima de un arma de fuego y de la capacidad (y el permiso) de utilizar a su favor la fuerza bruta, sin restricciones ni cuidados, entonces no hay nada que pueda mitigar la aterradora situación de desventaja, e indefensión, en la que te encuentras en tu condición de simple ciudadano.

O sea, que ha que empezar de abajo hacia arriba. Y la tarea será, por así decirlo, titánica. Sobre todo que no sabremos dónde colocar a todos esos desempleados.