Interludio

Infinitamente tolerantes, a pesar de Osorio Chong…

No gustó mucho la declaración de Osorio Chong —de simple sentido común, a mi entender— de que la tolerancia tiene sus límites. Le respondieron, entre otros presuntos agraviados, Javier Lozano, desde las filas del Partido Acción Nacional, y Mario Delgado, senador perredista. Al parecer, se lo tomaron como una inoportuna baladronada del representante de un Gobierno que, encima, pecaría de excesivo "optimismo", por no hablar del triunfalismo con el que llega a Navidades.

Más allá de la velada advertencia que sus adversarios adivinan en las palabras de nuestro ministro de Interior, en este país hace buen tiempo que la tolerancia hubiera debido de transmutarse en firmeza pura y simple. Pero, con el espantajo de doña "represión" agitándose en los entretelones del discurso victimista de siempre —deliberadamente desorientador al desconocer la suprema importancia que tiene el orden público en las sociedades civilizadas y al confundir alevosamente el ejercicio de la autoridad con la utilización arbitraria de la fuerza bruta— y con ese coro de denostaciones que se levanta cada vez que algún osado funcionario intenta meter en cintura a los infractores que tan impunemente pisotean los derechos de los demás ciudadanos, nadie se pone firme ni duro ni mínimamente riguroso en ningún rincón del territorio de Estados Unidos (Mexicanos).

Para mayores señas, ahí tienen ustedes a don Joel Ortega —jefe de la policía en tiempos pasados y, ahora, director del Metro de la capital—, quien ha decidido garantizar el libre paso a todo aquel a quien le venga en gana saltarse a la torera los torniquetes para no pagar la tarifa: "Hemos sido tolerantes", dice el hombre. Fue su manera, supongo, de darle una respuesta a Chong. Bueno...

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