Interludio

Gobernar con la mayoría en contra

El rechazo hacia Enrique Peña sería algo tal vez sorprendente a primera vista pero lo que ocurre en este país es que nadie, ningún candidato o mandatario en funciones, tiene una clara mayoría que lo apoye. Obrador obtuvo millones de votos. Josefina también. Si los sumas, sacas una cifra superior a la que alcanzó el aspirante del PRI para llegar a la presidencia de la República. A Peña no lo quieren los simpatizantes del PAN. Y supongo que los perredistas tampoco lo aman demasiado, por no hablar de la gente de Morena que, de plano, seguramente lo detesta en su presunta condición de valedor de los “ricos y poderosos”. Así, con más de la mitad de la población en contra, es perfectamente entendible que el hombre no pueda siquiera decir los buenos días sin que le caiga encima una avalancha de denuestos.

Pero, aparte, nos hemos vuelto una sociedad tremendamente intolerante: el fiscal del Estado, cuando explicaba las acciones de las autoridades luego de los sucesos de Ayotzinapa, llevaba algo así como 40 horas sin dormir y, como no es un santo ni el más perfecto de los humanos, es bien entendible que, exasperado ante unos reporteros que le volvían y le volvían a preguntar lo mismo, haya dicho que estaba cansado. Así de sencillo y así de natural. Pues bien, esa simple declaración fue retomada por columnistas y magnificada abusivamente en las redes sociales para hacerlo parecer como un tipo poco dispuesto a cumplir con sus encomiendas, o poco interesado en resolver un asunto que, por el contrario, le hace hervir la sangre, ahí sí, al resto de los mexicanos, incluidos esos periodistas distraídos.

En este diario escriben columnistas de todas las tendencias y corrientes. No importa: basta con que algunos de nosotros no estigmaticemos a quienes deberían ser obligada e infaltablemente estigmatizados —a saber, Peña y los suyos— para que nos tilden de ser un medio de gobiernistas vendidos. Y, aún así, nos siguen leyendo. En fin, qué le vamos a hacer…