Interludio

¿Españoles hartos de los reyes?

Bueno, ya se fue el rey de la transición democrática, ese Borbón que recibió alegremente el mando al morir quien lo había designado su sucesor —ni más ni menos que el autonombrado “Caudillo de España”, tal y como figuraba la leyenda en las monedas acuñadas por la Real Casa de la Moneda (o, en una terminología más moderna, la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre)— y, ahora que la sucesión no resulta de los inescrutables designios de un Francisco Franco, sino de la muy razonable abdicación de un rey consagrado ya como jefe de Estado por la Constitución de 1978, ha llegado el momento de que los españoles se planteen la desaparición, pura y simple, de la figura de Su Majestad el Rey.

El primer paso es preguntarles si quieren seguir siendo vasallos de la Corona. Ya tendrán ocasión de expresar su voluntad soberana pero, en estos días, la celebración de un referéndum no figura siquiera en la agenda de los partidos políticos. Más apremiante, todavía, parece ser la consulta que el señor Mas se emperra en llevar a cabo para que los buenos catalanes decidan si les apetece, ahí sí, volverse un República independiente (digo, no van a nombrar a un reyezuelo local cuando se emancipen, ¿o sí?).

Podría uno preguntarse, por cierto, si los ciudadanos escoceses, cuando se liberen también del yugo británico, van a constituir la República de Escocia (como la Republic of Ireland, independizada del Reino Unido en 1922) o si, por ahí (tal y como lo promueve la Iglesia escocesa), el actual Príncipe de Gales —si es que Su Majestad la Reina abdica algún día o, cosa menos probable todavía, llega a morir— termina siendo the King of Scots.

Para nosotros los de la plebe, es muy deslumbrante el tema este de los reyes y las princesas y los duques. Pero, por favor, hay que recordar también que los ciudadanos reclaman derechos plenos y que, allá en la Península, con seis millones de parados, a lo mejor están hasta las narices de subvencionar la Casa de Su Majestad el Rey.