Interludio

España: el azote de la derecha cavernaria

Pillos, corruptos, insolentes, cínicos, abusivos y, sobre todo, absolutamente nefastos: así son los gobernantes del Partido Popular en un Reino de España que no tiene gran cosa que celebrar en estas fiestas decembrinas. Un simple vistazo a los titulares de los diarios de la Península basta para advertir el escandaloso rosario de raterías perpetradas insolentemente por los miembros de una clase política que no sólo se sirve con la cuchara grande sino que pareciera llevar los asuntos de la nación con el mero propósito de hundirla en una espiral de desempleo, pobreza e injusticia.

Nos quejamos aquí, cada vez que alguno de nuestros responsables públicos intenta tibiamente apretar las tuercas, de lo “represivo” y el “autoritario” de nuestro régimen. Naturalmente, son las típicas jeremiadas de una izquierda que se solaza interminablemente en el victimismo y la denuncia desorbitada. Pues bien, vayan allá, a la madre patria, a conocer de cerca las leyes con que las que los del PP quieren, ahí sí, reprimir y castigar la protesta social; vean cómo cortan la electricidad y el gas, en pleno invierno, a los hogares pobres que no pueden pagarlos; admiren a un personaje —calificado de “ciudadano ejemplar” por el mismísimo Mariano Rajoy, presidente del Gobierno— que utilizó su cargo de presidente de la Diputación Provincial de Castellón para realizar oscuros negocios y, no satisfecho con ello, se mandó construir una gigantesca estatua, cual reyezuelo de una república bananera, en un aeropuerto en el que todavía no aterriza ningún avión; comprueben, desconsoladamente, el implacable desmantelamiento del Estado social y el abandono de los ciudadanos más desamparados; en fin, la lista llenaría páginas enteras…

Pobre España.

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