Interludio

¿El Ejército contra las "autodefensas"?

No sabemos nada. No podemos saber nada. Esas autodefensas, por ejemplo, ¿están infiltradas por los grupos criminales, los mismos que pretenden combatir? ¿Sus hilos los mueven los narcos de Jalisco para ganarle terreno a las mafias de Michoacán? O, por el contrario, ¿son la deslumbrante expresión de la soberanía popular, la jubilosa manifestación de un pueblo que se emancipa y que, a falta de un Estado confiable y mínimamente eficaz que le pueda brindar protección, toma el destino en sus manos?

Lo más interesante es ver la respuesta de las autoridades, como bien lo señalaba Juan Pablo Becerra-Acosta, ayer, en un espléndido artículo. Se inquietan y se preocupan, de pronto, de que los desamparados ciudadanos de Michoacán, a falta de certezas, se organicen y sustituyan a una policía tan inútil como sobornada por los criminales. O sea, que hasta ahí todo había estado bien. O por lo menos, no lo suficientemente mal, en la apreciación de ese Gobierno estatal tan súbitamente preocupado por la legalidad, como para tomar medidas serias y atacar frontalmente el problema: unos narcos por ahí, otros narcos por allá, extorsiones a lo largo y ancho del estado, secuestros, tráfico de sustancias prohibidas, un puerto importantísimo de la República en manos de la delincuencia… Lo de siempre, vamos. Pero, por favor, que no se aparezcan en el escenario unos grupos de ciudadanos armados porque entonces el país, ahí sí, está al borde del abismo. Que los aniquile el Ejército cuanto antes, por favor… Y que vuelvan los criminales de siempre, los Templarios, los de la Familia, o como se llamen.

Lo que pasa es que la mera existencia de esas milicias ciudadanas, cualquiera que pueda ser su verdadera naturaleza, es un sonoro desmentido a la quimera de que la situación está bajo control; viene siendo, en los hechos, la más palmaria demostración de un fracaso y la prueba inequívoca de que Michoacán es una pocilga judicial, una entidad podrida hasta la coronilla. Y, eso sí que no. ¡No lo podemos permitir! ¡Plomo para esa gente!